(Foto: Lino Chipana/GEC)
(Foto: Lino Chipana/GEC)

El cese de la prisión preventiva que cumplía Keiko Fujimori luego de un fallo favorable del Tribunal Constitucional tendrá sin duda algún impacto en el escenario político. Difícil adivinar cuál porque no sabemos cómo haya procesado esta experiencia y cómo influirá las decisiones que en el futuro próximo vaya a tomar la líder de Fuerza Popular.

En paralelo a la polémica generada alrededor de si se debió o no acoger el hábeas corpus o las singularidades argumentales del voto a favor del magistrado Carlos Ramos, para quien sí hubo obstrucción a la justicia pero luego de la disolución del Congreso el peligro para la investigación fiscal ha desaparecido (a propósito, ¿y si en las próximas elecciones parlamentarias los naranjas aseguran una bancada con relativa fuerza?), la expectativa se concentra en el papel que Fujimori vaya a desempeñar en la vida política activa.

A diferencia del Partido Nacionalista, Fuerza Popular –pese al pésimo uso que hicieron de su mayoría en el Congreso disuelto– conserva un bolsón electoral que cualquier otro partido quisiera manejar. Sin bancada oficialista, ¿tiene alguna oportunidad la ex primera dama de convertirse en una voz de oposición sensata y revertir la actitud obstaculizadora y prepotente que caracterizó su liderazgo desde que PPK le ganó la elección presidencial? ¿O su suerte está echada y solo podrá opinar de los procesos que enfrenta aún?

Keiko Fujimori no ha sido declarada inocente y su abogada, Giuliana Loza, ha señalado que no eludirá citaciones y se allanará a cualquier indagación. Y así deberá ser. Su partido deberá entenderlo también porque no podrá seguir apelando a la victimización a causa de una prisión considerada injusta para defenderla o alegar persecución política. Ya no. Que el momento sea aprovechado para la reflexión y el autoexamen.

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