“Es urgente emprender acciones para la recuperación de aprendizajes y de la estabilidad emocional de los estudiantes”. (Foto: Javier Rumiche / RPP)
“Es urgente emprender acciones para la recuperación de aprendizajes y de la estabilidad emocional de los estudiantes”. (Foto: Javier Rumiche / RPP)

Desde hace un tiempo, tenemos data más contundente sobre el impacto del cierre de las escuelas en los aprendizajes. The Economist acaba de publicar una nota en la que se califica como un desastre global el impacto del COVID en la educación básica. Según un estudio de McKinsey, en América Latina y El Caribe, entre 2019 y 2022, el porcentaje de niños de 10 años que no entienden lo que leen ha pasado de 50% a 80%. Además, el cierre de escuelas ha generado grandes impactos en el desarrollo socioemocional de los estudiantes, impactos fáciles de identificar y que se materializan en los retos que el retorno a clases está significando para una sana convivencia.

También los nuevos estudios demuestran que, a más largo el cierre de las escuelas, mayor el impacto socioemocional, en aprendizajes y en brechas generadas. Es inevitable preguntarse: ¿cuál es el impacto real en nuestro país, que tuvo uno de los cierres más prolongados del mundo?

Es urgente emprender acciones para la recuperación de aprendizajes y de la estabilidad emocional de los estudiantes. Estas acciones deben formar parte de una campaña sostenida en el tiempo. No podemos plantearnos cerrar nuevamente las escuelas ni medidas como distanciamientos mayores a los normales porque esto es restringir las clases 100% presenciales a miles de estudiantes.

Entendemos que haya alerta por el aumento de casos y la cuarta ola, pero es importante mirar la data: las escuelas son seguras y no son foco de contagio. Nos toca seguir cumpliendo los protocolos sin poner en riesgo la asistencia a las escuelas de miles de estudiantes. Los colegios no deben cerrarse más.

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