“Es importante tener en cuenta que el cierre de escuelas, luego de 2 años de virtualidad, debería ser la última decisión por tomar”.
“Es importante tener en cuenta que el cierre de escuelas, luego de 2 años de virtualidad, debería ser la última decisión por tomar”.

La vuelta a las escuelas ha implicado un gran esfuerzo de todos los actores del sector educativo. Los colegios están haciendo esfuerzos para cumplir con los requerimientos de la normativa, y están implementando estrictos protocolos de bioseguridad.

El retorno actual aún sigue planteando serias limitaciones pues medidas como el distanciamiento de un metro obstaculizan un retorno presencial en todas las escuelas a nivel nacional. Ello debe corregirse a la brevedad para no seguir perjudicando aprendizajes y el desarrollo socio emocional de los y las estudiantes.

La seguridad de los niños, niñas y jóvenes es primordial y entendemos que, dado el paro y las protestas que se han dado en todo el territorio nacional, se optó por la suspensión de clases presenciales.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que el cierre de escuelas, luego de 2 años de virtualidad, debería ser la última decisión por tomar. Antes se deben evaluar otras alternativas que permitan garantizar el servicio educativo presencial. Las protestas podrían continuar en los próximos días y la solución no puede ser el cierre de las escuelas.

Deben ponerse en marcha planes de seguridad que garanticen la integridad de todos los miembros de la comunidad educativa. Las escuelas deben ser núcleos de protección priorizados en cada región, para garantizar que niños, niñas, jóvenes y docentes asistan sin riesgo alguno.

No podemos permitir un retroceso de todo lo avanzado en marzo: los estudiantes y docentes siguen aún en proceso de adaptación, haciendo esfuerzos por restablecer las dinámicas en el aula y sobre todo, recuperando aprendizajes. El cierre de escuelas debe ser excepcional pues el impacto en los niños, niñas y jóvenes es inmenso.


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