Mentir sobre la edad para encajar mejor es algo típico. (Internet)
Mentir sobre la edad para encajar mejor es algo típico. (Internet)

"Le hice creer que tenía 29 años, cuando en realidad iba a cumplir 32", cuenta María Jesús (35) sobre Harold, su enamorado, a quien tardó en revelarle su verdadera edad. Una vez, Harold encontró el DNI de ella y no se fijó en la edad, solo en la foto. "¡Me salvé ese día!", recuerda. Su reducción de años fue una mentira que sostuvo desde los 25. A esa edad se cambió de carrera y empezó de cero en términos académicos. "Para no sentirme más mayor que el resto de mis compañeros me quité unos años. Como tengo cara de chibola, no se notó", señala.

El miedo a no encajar por la diferencia de edad –sus compañeros de clase tenían entre cinco y siete años menos que ella– y hasta ser catalogada como 'fracasada' –iniciar una carrera a los 25 puede ser objeto de burla–, obligó a María Jesús a tomar tal decisión. Para suerte de ella, sus compañeros en la universidad nunca descubrieron su secreto. En redes sociales, por ejemplo, solo ponía día y mes de su santo, pero no el año. En sus fiestas de cumpleaños, jamás ponía la velita con su edad amparándose en el protocolo de "a una mujer no se le pregunta la edad".

Decidió contarle la verdad a Harold después de un año como enamorados. Le pareció el momento más duro de la relación, la cual había sido muy buena hasta entonces. "Quería quitarme un peso de encima, pero no sabía cómo podía reaccionar. ¿Confiaría en mí después de eso? No pretendía malograr lo que teníamos por una tonta mentira, producto de mi inseguridad. Pero me armé de valor y le conté todo", explica. Afortunadamente, Harold, que la amaba demasiado, comprendió la situación. Hasta hoy siguen juntos.

INFORMACIÓN ESCONDIDA"No sabía que tenía un hijo", dice Toño (27). Cuando conoció a Melissa no sospechaba que ella, a sus 21, era mamá de una niña de 3 años de edad. "Nunca habló de su maternidad. Lo que me parecía extraño es que cuando le proponía salir, ponía diversas excusas. Por ejemplo, siempre decía que no podía llegar tarde a su casa", recuerda Toño.

Lo cierto es que, a pesar de las trabas, se enamoraron. Fue un proceso difícil, ya que Melissa no sabía cómo lidiar su responsabilidad de madre con este nuevo amor. La paciencia y resistencia de Toño fue clave para que, finalmente, ella contara la verdad. "Fue el mismo día que le dije para formalizar nuestra relación. Me impactó mucho, pero sabía que podíamos salir adelante. No me molestó que haya ocultado sus razones".

¿HABLAR O CALLAR?Revelar un secreto siempre es difícil. Sin embargo, en una relación de pareja que se basa en la confianza, los secretos no deberían existir. Sobre todo si son mentiras que tarde o temprano saldrán a la luz. Ahora bien, todos los seres humanos contamos con información que pertenece al ámbito de lo exclusivamente personal, hechos y detalles tan íntimos como inconfesables, guardados en una bóveda inaccesible de la memoria.

Como la contraseña del Facebook, por ejemplo, o un recuerdo poco feliz de la niñez. Nada de malo hay en conservar dicho información para uno mismo, si es que no hace daño a nadie. Todos tienen derecho a la privacidad, por más que estén en una relación amorosa. Pero abrir esa caja fuerte y compartir el contenido con la pareja, a pesar de las consecuencias, es un acto de suprema confianza. Una prueba de amor.

DATOS

- Las mentiras en una pareja: poca confianza. El número y la gravedad de mentiras y secretos son indicadores de cuán sólida o débil es una relación.

- La persona que revela un secreto debe saber que el ser amado tiene derecho a reaccionar mal y hasta terminar la relación por sentirse traicionada.