Wall Street.
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El socialismo predica que la propiedad pertenece a todos y que todos, sin importar su origen, preparación o estatus, deben beneficiarse de ella y su rendimiento. El capitalismo, por el contrario, aboga por premiar al que mayor beneficio puede obtener de una actividad: la riqueza es proporcional al esfuerzo o suerte. Ninguno de los sistemas ha tenido el éxito esperado por sus defensores: el socialismo nos conduce al mínimo esfuerzo y el capitalismo al egoísmo de quien busca apropiarse del mayor beneficio posible.

Cuando alguien habla del “capitalismo consciente”, ¿está rompiendo el principio de que la búsqueda del propio bienestar beneficia a todos? ¿O más bien está reconociendo que se requiere buscar algo más que el beneficio personal para alcanzar el bienestar de la sociedad?

Hace unos días, en una conferencia en la UPC, Raj Sisodia, defensor de un sistema capitalista distinto y consciente de su entorno, reinterpretó a Adam Smith diciendo que no es en el interés egoísta, sino en la búsqueda del bien común que se logra generar utilidades y crear riqueza.

Lo ocurrido en Chile, al cual veíamos como ejemplo de desarrollo, debería ser una lección en Perú para empresas y Estado: sacar 20 en macro no es suficiente si no se logra mejorar la calidad de vida, con acceso a empleo, mejores salarios y servicios públicos, todo puede venirse abajo (¿alguien imaginó el desborde en Chile?).

Alguien decía: cualquier tonto aprende de sus propios errores; lo astuto es aprender de los errores de los demás.

En la conferencia, los asistentes hicieron un juramento: no esperar al Estado, sino tomar acción para cambiar la visión tradicional del capitalismo. Vamos a ver cuánto de este juramento se refleja en presupuestos y proyecciones del año que viene.

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