Salamandra errante (Aneides vagrans). Foto: National Geographic
Salamandra errante (Aneides vagrans). Foto: National Geographic

Para hacer tu hogar en los árboles más altos conocidos en la actualidad hay que tener mucho más que poco vértigo. En eso radica el éxito de las que habitan en las , pues estos singulares animales tienen su forma de huir que es infalible, son unas auténticas paracaidistas.

A esta conclusión ha llegado un estudio publicado en el Current Biology, de la mano de científicos de la Universidad del Sur de Florida, quienes usaron un túnel de viento en el cual dejaron caer a algunas salamandras arborícolas y no arborícolas desde una altura reducida.

Así pues se pudo comprobar que, aunque las salamandras no tienen algún órgano externo que les sirva como cortavientos o paracaídas, son capaces de conformar su pequeño cuerpo para poder planear como si estuvieran aferrados a un equipo de paracaídas.

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Esto demuestra que, más allá de los órganos externos que nos pueden dar luces de su funcionamiento para algunas especies, otras tienen bien guardado el truco y no necesitan de órganos específicos para realizar ciertos tipos de tareas, aunque sean de lo más extremas.

De este modo, las salamandras pueden huir de algún depredador que las siga hasta la copa de los altos árboles donde pasan su vida, lanzándose al vacío para salvarse, tanto del depredador como de la caída.

Considerando que la altura de las secuoyas tienen una altura de unos 100 metros, es fácil entender por qué las salamandras han logrado perfeccionar el arte de lanzarse al vacío y sobrevivir a esta caída, que para cualquier mamífero común sería una muerte segura.

La clave de las salamandras paracaidistas era simple, no desplegaban alas o membranas para planear, solo realizaban una serie de movimientos específicos, con sus patas y la cola, de modo que podían planear de una forma similar como los humanos al lanzarse al vacío, pero con paracaídas.

Esta no es la primera vez que se ha visto animales con una capacidad para planear impensadas, pues en algunas ardillas el caso se repita, sin embargo, esto anima a los investigadores a seguir buscando de recursos de supervivencia en los animales que son capaces de sorprender a nuestra curiosa mente.

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