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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

"Ahora estamos unidos para dar fin responsablemente a la guerra en Afganistán", dijo Barack Obama. Tanto en Europa como en Estados Unidos la opinión pública se opone al conflicto. Dos semanas antes de esta reunión, Obama fue a Kabul para firmar un convenio con el presidente afgano que habilita, además de las tropas de EE.UU., a permanecer 10 años más en Afganistán para "entrenar a las fuerzas afganas y combatir el terrorismo, pero no construirán bases ni patrullarán sus ciudades". La Casa Blanca entendió que era preferible extender por una década los combates, ya que los hechos evidencian que la violencia y los ataques suicidas aumentaron en Afganistán en el 2011 por quinto año consecutivo. El Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU., que agrupa a los 16 organismos del ramo, evalúa que la lucha en Afganistán se halla en un punto muerto: "La corrupción imperante, la inoperancia del Gobierno afgano y los operativos que los talibán lanzan desde Pakistán minaron lo ganado con el aumento de tropas estadounidenses en 2009". Obama, a su vez, reconoce que el talibán sigue siendo "un enemigo vigoroso" y que lo conseguido por la OTAN en el campo de batalla es frágil. EE.UU. financia el 85% de la guerra y presiona a una Europa, en plena crisis económica, para que aumente sus aportes. En suma, una "victoria" (así le llaman) OTAN-USA patética. Su enemigo, una fuerza informal y fanática, ha jaqueado la tecnología bélica de Occidente y está hoy más fuerte que antes de la visita de los ejércitos invasores.