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Beto Ortiz,Pandemoniobortiz@peru21.com

"En el Miss Perú nos dan un rol de preguntas las cuales repasamos con un profesor" –le dijo Miss Cindy a Gonzalo Pajares, en comentadísima entrevista concedida a este mismo diario, el viernes último. Su sincera respuesta –pocos lo entendimos– era, en realidad, una elegante y diplomática protesta ante la evidencia innegable de una trampa despiadada. El cazurro colega no le había entregado a nuestra reina todas las preguntas con la debida anticipación, como hacemos siempre todos los periodistas del mundo. Hasta el más tonto sabe que cualquier entrevistado necesita las preguntas, mínimo, una semana antes para poder ir a la Biblioteca Nacional a consultar obras y prepararse como es debido. Pero, al no tener el balotario a tiempo, Miss Cindy no había podido repasar con el profesor, como es su costumbre. Qué barbaridad. ¿Cómo no la iban a jalar, delante de todos, en tan complejo examen si ni siquiera sabía sobre qué temas le iban a preguntar? ¿Acaso ella era una sabia, una iluminada, una adivina? No era culpa suya no haber estudiado, abusivos.

"Tengo una cirugía en las bubis: me puse una talla 34B y, por lo pronto, no me haré ninguna otra cirugía más". Excelente, Miss. Pero prométenos que, apenas se logre inventar ese único implante que te hace tanta falta, te ofrecerás a la ciencia como primera voluntaria.

"Yo fui luz en medio de tinieblas y Dios resaltó mi belleza interna y externa". Con ustedes, la oración de Miss Cindy. Oh, Señor que has creado todo lo bello de este universo del que muy pronto seré reina: bendice mis bubis 34B y bendice también mis incisivos, mis caninos y mis premolares. Bendice a mi dentista Jesús Ochoa, que los creó con sus manos prodigiosas. Bendice mi manicure francesa, mi pedicure sueca, mi depilación brasilera y mi trenza española. Y como la belleza externa es efímera, te pido que me hagas igualmente bella por dentro. Por eso, bendice también mi regia tiroides, mi hermoso páncreas, mi píloro perfecto, mi linda vesiculita, mis glúteos fabulosos y mi cerebrito chiquirriquitito. Amén.

"Mis principios son sólidos. Máximo me tomo un maracuyá sour". Obvio. Cualquier historia necesita un principio sólido. Lo que hay que cuidar es que este no vaya seguido de un desarrollo líquido y de un final gaseoso. La celebridad de Miss Cindy ha tenido un espléndido arranque: la controversia. ¿Y qué vendrá después? Por lo menos tiene muy en claro que ninguna dama decente deberá jamás permitir a nadie avanzar más allá de los decorosos límites que impone el imperativo del cóctel único. Dependerá de su aclamado recato que su carrera prometedora no se le evapore en instantes, entre los dedos, como la acetona.

"No sé si era el patito feo de la familia pero, mientras iba creciendo, me fui convirtiendo en un cisne". ¿Y ningún miembro de su distinguida familia habrá nacido cisne para irse convirtiendo en patito? Pucha, cómo hablan. Qué mala es la gente.

"Me encanta ser el centro de atención porque bailo muy bien". No solo es sencilla y perfil bajo, sino que le encanta ser el centro de atención. No solo es inteligente y bella por dentro y por fuera y 34B y un cisne y una luz en las tinieblas sino que, encima, es modesta y baila muy bien.

"Salgo con un empresario que vive en Estados Unidos. Más que guapos, me gusta que sean interesantes, que conversen". Haces bien, amiga. No es por ser prejuiciosos, pero la verdad es que los chicos guapos no tienen conversación. Pobres. Son guapos nomás y ya. Salir con un empresario, en cambio, está en toda moda. Sobre todo si es un empresario feo porque, cuanto más feo, mejor conversación. Pero lo más interesante de todo ha de ser eso de salir con un empresario que vive en Estados Unidos porque, como tú vives en Lima, mostro, ni siquiera tienes que estresarte tratando de ser muy interesante ni estar haciéndole tanta conversación. Es lo ideal.

"Laura Huarcayo es una Barbie Malibú". Todos los cuarentones que, de niños, hemos jugado con muñecas sabemos perfectamente que 1971 fue el año en que Mattel lanzó al mercado aquella legendaria Barbie bronceada de ropa de baño celeste que todavía tenemos –con caja y todo– sobre nuestros tocadores. Pero, en 1971, Laura Huarcayo no había nacido así que… más respeto, por favor.

"Ahora que tengo la corona, Alfredo Benavides y Carlos Vílchez me van a tener que respetar". ¡Pardiez con los bellacos juglares de este país monárquico! ¡Os ha llegado la hora! ¡Tendréis que respetar a la reina, plebeyos!

"No me considero difícil: soy sencilla e inteligente". Pucha, Miss Cindy, qué suerte la tuya. Yo, en cambio, no me considero fácil: soy complejo e imbécil, alucina. Qué autocríticos somos, ¿no? Qué locazo.

Ahora, presten mucha atención, que lo que viene es el extracto más polémico de la entrevista con nuestra máxima soberana de la hermosura total en la transcripción fidedigna de la grabación realizada por el colega Pajares y que –para hilaridad y solaz de la muchachada– puede escucharse en la web de este diario. Sintiéndome parte del minoritario segmento poblacional al que Miss Cindy alude tan extensa como sesudamente, he querido eximirme de mayores comentarios en salvaguarda de mi objetividad periodística. Considero, además, que intentar añadir algo a sus hondas disquisiciones podría estropear la asombrosa perfección de esta genuina gema del humor involuntario:

Gonzalo: ¿No tendrías ningún problema en que… si tu hijo es gay, si tu hija es lesbiana…?

Cindy: En mi caso, si el día que Dios me permita tener hijos, yo creo que, en mi caso, no pasaría, porque yo creo que estas cosas se dan, tal vez, es por falta de un padre o porque sufrieron una violación o porque viven con la madre, hermanas y empieza el amaneramiento, o no lo sé, ¿no? La verdad es que no profundizo mucho en el tema.

Gonzalo: Ajá.

Cindy: El día que tenga mis hijos los voy a entregar a Dios por completo, y les voy a dar una buena crianza, que tengan el padre al lado, la madre al lado, y tener el apoyo total, ¿no?, porque siempre tiene que haber la comunicación.

Gonzalo: Ajá.(Antes de que empiece el amaneramiento o no lo sé, yo también preferiría no profundizar mucho en el tema y, si a ustedes no les molesta, entregársela a Dios por completo en este instante. Para que no sufra. Ya no sufras, Dios. ¿Dios?, ¿estás ahí…?).