“Hubo un Estado poderoso y patriota con Juan Velasco Alvarado”, dice Antauro Humala ante un público incauto que lo escucha y graba con su celular. “Hizo un Estado empresario”, grita. El video da vueltas por WhatsApp. En él se ve al secuestrador y homicida de policías en un mitin en Piura, en el norte del país.

Y es solo una muestra de las muchas mentiras que repite Antauro Humala en sus giras por las provincias del Perú.

EL MODELO VELASQUISTA

“Creó empresas nacionales”, celebra Humala. Pero no dice que para que una empresa sea operativa esta debe ser eficiente. Y lamentablemente ese no fue el caso de las empresas estatales del velasquismo, las cuales acumularon enormes pérdidas y condujeron al fracaso la aventura empresarial del Estado.

“Fue nuestro Hugo Chávez, destrozó económicamente al Perú, atrasándonos por décadas”, escribió alguna vez Aldo Mariátegui en su columna en este diario. Pero no es el único que ha descrito el descalabro económico del velasquismo. Un rápido fact checking así lo comprueba. En su estudio “Consecuencias económicas de la ‘revolución’ de Velasco”, el Instituto Peruano de Economía (IPE) grafica claramente los “altos y sostenidos déficits fiscales” del velascato: -1.7 (1968), -0.5 (1969), -1.7 (1970), -2.3 (1971), -3.9 (1972), -5.8 (1973), -7.8 (1974), -10.4 (1975), -11.1 (1976), -12.3 (1977), -10.3 (1978), -6.1 (1979). Las cifras medidas en porcentajes del PBI no mienten. Y la fuente es el Banco Central de Reserva del Perú.

Velasco “inició la aventura empresarial del Estado, con pérdidas acumuladas de US$ 2,500 millones”, como explica el mismo estudio del IPE. Y es que la iniciativa empresarial que tanto celebra Humala tuvo más bien un feo final en cifras, según la data del mismo Banco Central de Reserva del Perú. De acuerdo a esos números, “el valor actual de las pérdidas acumuladas entre 1968 y 1979 por parte de las empresas públicas asciende a US$18,780 millones”. Esto se desagrega en un cuadro explicativo de las “pérdidas acumuladas de las empresas públicas en millones de dólares”: -46 (1968), -93 (1969), -125 (1970), -55 (1971), -46 (1972), -128 (1973), -654 (1974), -1,371 (1975), -1,926 (1976), -2,254 (1977), -2,401 (1978), -2,481 (1979).

CONSTITUCIONES COMPARADAS

“El Pentágono de Estados Unidos temblaba de que un ejército patriota surgiera en Latinoamérica y fuera un mal ejemplo para el resto de ejércitos”, alega Antauro, sin brindar ninguna prueba al respecto. Ningún libro ni publicación académica o periodística da indicios sobre esta peculiar teoría de la conspiración.

Finalmente, Antauro sugiere que Alberto Fujimori fue “hijo putativo” de Francisco Morales Bermúdez. Para el precandidato, la Constitución de 1979 produjo un crecimiento nacional. “Ese crecimiento económico era propio”, dice. Y según Antauro, la seguidilla de siete presidentes “delincuentes, suicidados, huidos, procesados, encarcelados” son producto de la nueva Constitución de 1993, la llamada “Constitución globo neoliberal proextranjera y traidora”.

Una teoría absurda por más de una razón. Primero, porque la corrupción de los presidentes peruanos nada tiene que ver con la Constitución vigente. La prueba está en el libro “La corrupción en el Perú” de Alfonso Quiroz, que ubica al ‘chino’ Velasco en el top 5 de presidentes más corruptos, junto con el otro ‘chino’ Fujimori. Segundo, porque como ya se ha visto, la Constitución de 1979 no generó un crecimiento económico comparable al de la Constitución de 1993 (C93). Tercero, porque la C93 no fue ‘entreguista’, considerando el crecimiento económico que posibilitó. Y cuarto, porque Antauro excluye a Pedro Castillo de la lista de presidentes prontuariados, perdonándole la vida por su ideología nacionalista y estatista.

TENGA EN CUENTA

Cerca de 175 empresas públicas fueron creadas durante el gobierno de Velasco, la mayoría luego de expropiaciones.

La planilla pública se incrementó en 83%, según el IPE.

Para financiar el mayor gasto, la deuda pública pasó del 15% del PBI al 48% del PBI, según el BCRP.

Un 25% de la deuda pública externa contraída entre 1970 y 1979 se destinó al gasto militar.

La deuda de cada habitante se multiplicó 5 veces. De US$72 millones en 1970 a US$342 en 1979.

La ‘maquinita’ operó, incrementando la base monetaria a una tasa de 32% anual.

La inflación aumentó de 6% (1969) a 74% (1978).

Se obstaculizó la inversión privada. La inversión pública fue casi el 50% del total. Aun así, la inversión total como porcentaje del PBI no superó la de los 20 años anteriores.

El control del tipo de cambio generó un saldo negativo de reservas internacionales.