(GEC)
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La debacle anunciada entró hasta la sala y se sentó en el comedor: la caída de la producción nacional en abril fue de 40.5% y, solo en Lima, el desempleo llegó al 47.6%. Todos conocemos a alguien que se ha quedado sin trabajo o tiene problemas para pagar cuentas. Estamos ante un verdadero colapso de la economía que hace que cualquier proyección sea un ejercicio iluso y que lo único cierto sea la incertidumbre. Si queremos ser positivos, en Apoyo calculan que la caída del PBI para el año estaría más cerca al -14% que al -20%, pero igual hablamos de empresas quebradas, desempleo masivo, jóvenes dejando la universidad. En fin, millones de sueños truncados.

Entre reactivaciones y arranques, los esfuerzos del gobierno para salir del hoyo parecen insuficientes. Arranca Perú espera crear 1 millón de puestos de trabajo y Reactiva Perú terminó concentrándose en el gran empresariado, sin chorrear masivamente a las Mypes, que son casi el 99% en de las empresas del país. Las Mypes solo recibieron 19% del monto total de los préstamos. Las reglas de Reactiva Perú fueron planteadas para que las entidades financieras sean responsables en la asignación de préstamos, pero estas, predeciblemente, han evitado cargar con deudas de pequeños negocios que pueden ser más riesgosas.

Tenemos liquidez para medidas de estímulo fiscal agresivas. El Estado debe llegar a las Mypes con más potencia e inyectar dinero a los que menos tienen. Además, priorizar Reactiva Perú no debería significar descartar un bono universal.

No perdamos de vista esto: se está cocinando una tensión social que eventualmente explotará. Que algunos salgan bien o incluso mejor parados de la pandemia, mientras otros son abandonados a arreglárselas como puedan, es una injusticia que no será olvidada con facilidad. Lo importante hoy es el presente de quienes están sufriendo esta situación. Esa debe ser nuestra prioridad.