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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

El gobierno sufre de una rara enfermedad. En sencillo, podríamos clasificarla como un caso de cainofobia; léase, miedo a ser derrotado, a fallar o a perder. Esa ha sido la constante de este gobierno, y todo apunta a que esta vez –en el affaire Jara– vuelve la fobia a darnos una señal.

El problema es que vivimos en una democracia, y esta no camina bien con mentalidades o actitudes como esa. El gobierno ha dicho, innumerables veces, que son democráticos, que ellos están dispuestos a escuchar y a conversar. Pero en la práctica eso no ocurre. No sabemos si por la naturaleza o por cálculo, y eso es lo que nos competerá descubrir en algún momento.

Pero regresemos a este comportamiento y sus consecuencias.

Lo que la oposición exige, casi de manera unánime, son dos cosas: la salida del ministro de Energía y Minas, Eleodoro Mayorga, y la suspensión del aporte de los independientes a las AFP. Ese es el mínimo común múltiplo de los pedidos. En verdad, y como han sostenido algunos analistas, el pliego debería ser mayor; no obstante, en Palacio, ni eso están dispuestos a otorgar.

Para algunos es soberbia, lo que sin duda es una opción. Pero no actúan como el soberbio, quién mira por encima del hombro, no inicia un diálogo sino que lo espera… en fin, todos los conocemos. No. La pareja presidencial sí sufre en el proceso; llama, wassapea, negocia, calcula, vuelve a llamar, y así se la pasan noche y día.

¿Qué nos depara este perfil? Pues preocupación, sin duda. Para empezar, cada semana que pasa con un gobierno incapaz de hacer po-lí-ti-ca es una semana perdida en nuestro proceso de desarrollo. Por hacer política nos referimos al arte y la acción de gobernar bajo un conjunto de reglas tácitas e implícitas que entendemos por democracia, donde existen partidos y poderes. Sin escuchar y conversar, sin negociar, sin tender puentes y sin articular no se gobierna, se manda. Y ya sabemos quienes mandan.