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Carlos Basombrío,Opina.21cbasombrio@peru21.com

Segundo, la controversial –por decir lo menos– elección de Marta Chávez para presidir un grupo de trabajo sobre derechos humanos; y, cereza de la torta, Reátegui –el congresista del escándalo de la semana– es un prominente líder del fujimorismo.

Pero el gran adversario del premier ha sido el presidente Ollanta Humala. Una entrevista a Pilar Nores sobre programas sociales, que pudo haber quedado limitada al debate de algunos especialistas, se convirtió en tema central de discusión debido a que Ollanta y Nadine la atacaron con todo, lo que le dio pie a García para fungir de defensor de una dama agredida. En ese contexto, el intento del premier de promover un diálogo político quedaba descolocado.

Pero no fue solo eso. Humala también ha declarado que el suyo es un "gobierno de la familia" y, como los hijos son todavía chicos, los papás ancianos y el hermano está en la cárcel, se entiende que se refiere a su cogobierno con Nadine. Reabre con ello la discusión sobre un tema que se pensaba zanjado y deja al premier en la irrelevancia. Villanueva no supo qué hacer ante el obús y optó por lo peor: oficiar de intérprete oficial, diciendo que aquel no dijo lo que dijo.

Pero la tercera razón de su levedad es la más importante, y es él mismo. No solo el nuevo premier no fue suficientemente fuerte como para poner un grupo de ministros que anunciaran un cambio, sino que su discurso no sale aún de los lugares comunes de lo políticamente correcto. Y, siendo así, su principal riesgo es repetir la intrascendencia de su predecesor. En su descargo: quizás no quepa otra cosa, si no eres de la familia.