(Foto: AFP)
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Desde el momento en que el Jurado Nacional de Elecciones permitió de forma insólita la inscripción de la Alianza Nacional de Trabajadores, Agricultores, Universitarios, Reservistas y Obreros, cuyo acrónimo se lee y pronuncia como el nombre de su líder A.N.T.A.U.R.O., la ciudadanía no puede confiarse y pensar que es lejana la posibilidad de que alguien tan radical y antidemocrático llegue a ser una opción viable para la Presidencia del Perú. A eso hay que agregarle que el investigador de opinión pública Alfredo Torres reveló en una columna (Perú21, febrero 2024) una encuesta confidencial de Ipsos para Perú21 Foro que posiciona a Antauro en el segundo lugar de intención de voto muy cerca de Keiko Fujimori.

Mientras discutimos el daño que Antauro Humala representa, este recorre el país tratando de redituar políticamente con el descontento de una población harta de la falta de servicios básicos, de los políticos y de la inseguridad. Allí en la calle va captando el interés de votantes, pero hay otro frente del que necesita y son las redes sociales en el que van apareciendo periodistas, líderes de opinión e influencers que trivializan a Antauro Humala.

Como ejemplo de ello tenemos al influencer Carlos Orozco, quien dijo en 2022 que: “Antauro con todo el pasivo que trae no termina de ser una mala opción en el panorama actual”. Para colmo pide a su interlocutor que le explique ¿por qué cree que es un desastre? Una sutil desinformación presentada en forma de candorosa duda por alguien supuestamente informado que decide ignorar ante sus seguidores que un exconvicto —preso por secuestro y asesinato de policías, que no se ha arrepentido de sus delitos, que amenaza con fusilar políticos y homosexuales, y cuyo discurso y estrategia se basa en posicionar la violencia como un método válido dentro de la política— no representa ningún desastre para nuestro país.

Otro caso es el del periodista youtuber Víctor Caballero (Curwen) quien mencionó en una entrevista: “Ahora nos pintan a Antauro… es un monstruo (…) Yo lo que creo que va a pasar es exactamente lo mismo que con el gobierno de Pedro Castillo si es que llegara a ganar. Un señor que está con un tornillo medio zafado, obsesionado con temas que, en verdad, yo no entiendo por qué están en agenda en este momento”. Una minimización vía exclusión de información importante, ya que omite que se trata por ejemplo de un candidato que amenaza la vida, integridad y la libertad de otras personas, y lamentablemente esta conducta antidemocrática a él no le parece monstruosa.

Y para terminar de ilustrar el tema, en esta semana el periodista Carlos Cornejo le dice a su entrevistado: “Fíjate que el radicalismo posible de Antauro Humala no me preocupa porque creo que si el Congreso tiene capital humano suficiente y autoridad suficiente, digamos, podría, democráticamente hablando, controlar a un Ejecutivo que podría radicalizarse. A mí lo que me preocupa es que la derecha construya una narrativa del demonio Antauro. Parece que es el próximo demonio a abatir”. Sutil minimización en modo de preocupación “empática” para deslizar la idea de que no es un daño grave contra el que tengamos que luchar. Antauro no necesita ser demonizado porque desde el momento en que legitima la violencia para el logro de sus objetivos políticos postula la demolición de los mecanismos democráticos y, por tanto, es un destructor de la democracia. Algo que el periodista decidió excluir o no criticar.

Irremediablemente, el camino a 2026 va a estar nublado con estas trivializaciones como si no hubiera suficiente información de los peligros que representa Antauro para la democracia. No va a ser fácil, se cobijan bien con la falacia de autoridad que le conceden sus miles de seguidores y contrabandean opiniones, inquinas y preferencias que excluyen contextos e información relevante que deben considerar los periodistas, y así confunden y dividen al público. Ya lo vivimos con Castillo, advertidos estamos.

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