"Debemos desarrollar un plan de largo plazo con un propósito claro, un plan que sea trascendente y movilizador, que sume a la sociedad civil hacia los objetivos planteados y que coloque al estudiante en el centro del sistema educativo, tomando las decisiones, en función a sus necesidades". (Foto: Andina)
"Debemos desarrollar un plan de largo plazo con un propósito claro, un plan que sea trascendente y movilizador, que sume a la sociedad civil hacia los objetivos planteados y que coloque al estudiante en el centro del sistema educativo, tomando las decisiones, en función a sus necesidades". (Foto: Andina)

Recientemente, el Minedu ha presentado los resultados de las evaluaciones en públicos y privados de 2022. Al igual que en años anteriores, los resultados no son nada alentadores. No quiero llenarlos de cifras y solo les menciono el porcentaje de alumnos que en segundo de secundaria logran el nivel satisfactorio: en lectura solo el 19.1%, en matemáticas 12.7% y en ciencia y tecnología 12%. ¡Terrible! La brecha urbano-rural persiste y muestran la gran diferencia en los resultados entre segmentos de bajos y altos ingresos. Algo a destacar es que, esta vez, se ha aplicado pruebas de habilidades socioemocionales, que en una próxima columna comentaré.

Cada año, al ver estos resultados, hablamos de la situación de nuestra educación, de la pertinencia o no de estas pruebas. Sin embargo, reconociendo que no son perfectas, son una medición que nos da un diagnóstico actualizado y que nos muestra lo crítico de la situación. Por ello, es urgente hacer cambios radicales. No podemos seguir lamentándonos. Aquí algunas ideas de por dónde empezar: la gestión educativa.

Lo primero, y más importante, es sacar al Minedu de los vaivenes políticos, creando un órgano con autonomía administrativa y económica donde el principio de meritocracia sea medular, dándole estabilidad a los equipos por periodos de seis años. Debemos desarrollar un plan de largo plazo con un propósito claro, un plan que sea trascendente y movilizador, que sume a la sociedad civil hacia los objetivos planteados y que coloque al estudiante en el centro del sistema educativo, tomando las decisiones, en función a sus necesidades. Ello debe ir acompañado por el reclutamiento de un equipo de primer nivel, con gran capacidad de ejecución, alejado de ideologías que tanto daño le hacen a nuestro sistema educativo.

Sin una gestión educativa eficiente, no será posible ni viable cerrar las brechas de aprendizaje y nuestros niños y jóvenes seguirán pagando las consecuencias.

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