“Lo primero es reconocer que existe un real problema de violencia contra la mujer y esa afirmación no está ligada a ideología ni creencias, es una constatación de la realidad”.
“Lo primero es reconocer que existe un real problema de violencia contra la mujer y esa afirmación no está ligada a ideología ni creencias, es una constatación de la realidad”.

Hoy, es un deber dedicar estas líneas en reflexionar sobre el feminicidio y la violencia contra las mujeres en el Perú. Es un deber que debemos cumplir para traer nuevamente a la mesa las agresiones y la muerte de niñas y mujeres, una realidad que nos viene golpeando día a día. Solo entre enero y febrero del 2023, los Centros de Emergencia Mujer (CEM) han atendido 1,704 casos de violación sexual a nivel nacional, de las que el 65.3% de víctimas son niños y adolescentes, siendo las mujeres el principal blanco.

Esta situación requiere una atención e intervención, que plantee soluciones de mediano y largo plazo, así como cambios sustantivos y estructurales. En este punto, se abre espacio la educación de equidad de género, que debe buscar el desarrollo de relaciones sanas y de equidad entre hombres y mujeres, y que siente las bases de una sociedad en la que no normalicemos más la violencia contra la mujer.

Este es un gran reto en el que el sector educación tiene el deber de liderar acciones que permitan una mayor concientización de la problemática, con un enfoque multidisciplinario. Es una tarea prioritaria y esencial si queremos promover espacios seguros para nuestras niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres en general.

Lo primero es reconocer que existe un real problema de violencia contra la mujer y esa afirmación no está ligada a ideología ni creencias, es una constatación de la realidad. Esto nos tiene que llevar a actuar con un plan integral, que involucre a los gobiernos regionales y locales y a la sociedad civil. La mirada debe permitir una atención célere de los casos, pero sobre todo promover una cultura de la prevención a todo nivel.

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