“Es momento de poner los grandes temas nacionales sobre la mesa y trabajar hacia ellos, como lo es la educación de calidad”. (Foto: El Comercio)
“Es momento de poner los grandes temas nacionales sobre la mesa y trabajar hacia ellos, como lo es la educación de calidad”. (Foto: El Comercio)

A pocas semanas del inicio de un nuevo año escolar y al leer un informe de Oxfam (2017) donde se afirma que la educación universal y de calidad reduce la pobreza, crea oportunidades para todas las personas, fomenta la cohesión social y promueve sociedades democráticas; me pregunto si estos objetivos no son suficientes para unir a un país y ponernos de acuerdo para determinar por consenso que la educación es el mayor objetivo nacional por el que deberíamos trabajar.

¿Un objetivo grande? Sí. ¿Un objetivo complejo? Sí. ¿Un objetivo inalcanzable? No. ¿Por qué? Porque para lograrlo solo depende de decisiones que los gobiernos o instituciones internacionales pueden tomar de manera intencionada, dejando de lado los intereses particulares y poniendo al centro el impacto positivo que van a tener en millones de niños, niñas y adolescentes, por ende en la vida de muchas generaciones de nuestro país.

El qué queremos como país, debe estar al centro de todas las decisiones políticas y de todos los gobiernos, es lo que nos debe unir. Es momento de poner los grandes temas nacionales sobre la mesa y trabajar hacia ellos, como lo es la educación de calidad.

Esta propuesta pareciera contradictoria en tiempos de crisis e inestabilidad como los que vivimos, pero pensar en el mediano y el largo plazo, se vuelve urgente y necesario si queremos virar hacia un futuro común. La educación de calidad tiene que llegar a todos y todas las peruanas, es el dinamizador de cualquier economía moderna, es una cruzada que vale la pena emprender.

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