El presidente Castillo y el jefe de Gabinete encabezan Consejo de Ministros Descentralizado. (Foto: Presidencia)
El presidente Castillo y el jefe de Gabinete encabezan Consejo de Ministros Descentralizado. (Foto: Presidencia)

Cada semana se acumulan tantos problemas, denuncias y vacíos de gestión que es difícil llevar la cuenta. A ello se suma un entorno internacional mixto del que estamos escogiendo lo peor. La oportunidad de precios altos de metales la dejamos pasar, como ya lo advirtió Joe Bormann, jefe para América Latina de Fitch Ratings, pero la crisis alimentaria que ya ha merecido carátula de The Economist se nos viene encima.

El entorno político es todavía polarizado y turbio, con partidos que no logran atraer a sus militantes a votar en las primarias y cuyos líderes son vencidos por los que votan blanco o nulo entre los que sí fueron a votar. Solo califican como partidos si se considera la acepción de ‘divididos’ de la RAE. Sumemos un Estado cada vez más “arracimado” de funcionarios cuestionados o sentenciados, conflictos sociales mal manejados, promesas al por mayor y sin actas, y un avance en varios frentes de lo ilegal/informal (colectiveros, cocaleros, delincuencia, minería y tala ilegal, universidades bamba, etc.). Agréguese populismo barato en varios frentes, que pasará la cuenta como siempre lo ha hecho. Los países que sobreviven hiperinflaciones pueden convertirse en Alemania, si aprenden de la experiencia, o Argentina, si no. El mantra hoy es la combi asesina como doctrina. Y ese caos es reflejo y causa de una desconfianza absoluta, en todo y en todos.

Confieso que en los últimos meses ver Vikingos en Netflix me relajaba. Todo lo que me cargaba la realidad se aligeraba viendo una serie hiperviolenta, que canalizaba la indignación y frustración de ver tanto desprecio por millones de peruanos que se rompen el lomo trabajando para sacar adelante a sus familias, ayudando en lo que pueden, pero desconfiando con todo derecho. Valhalla, además, se pronuncia parecido a “va y jala”. Alguna asociación con el remolino de agua limpiadora debo haber hecho.

Imaginemos que, por un milagro, la reforma política que se necesita se hace y se adelantan elecciones. ¿Qué viene después? Lidiar con los mil problemas que ya teníamos y los que se han agravado, nada menos.

¿Cómo se construye confianza en un escenario así? Lamentablemente, solo se puede construir de a pocos, sobre temas que obliguen a consensuar entre desconfiados. Urgen mecanismos que controlen desde la ciudadanía a autoridades y funcionarios para que no sean indolentes ni corruptos. Tenemos que organizarnos para exigir un gobierno ciudadano céntrico, que haga fácil transparentar todo el gasto público. Si es verdad la metáfora del balde de cangrejos, de baldes más hondos hemos salido, pero solo cuando suficientes cangrejos aprendimos la lección.

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