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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Así, tenemos que, en Cajamarca, la oposición a Conga estaba languideciendo ante el cansancio de la población, hasta que la Policía se durmió permitiendo que los pocos manifestantes que quedaban desataran desmanes que provocaron una violenta represión, logrando los muertos que estaban buscando.

Lo mismo sucedió en Tía María y en Río Blanco, importantes proyectos que han quedado literalmente enterrados por el peso de los que fallecieron cuando estaban protestando. Finalmente, en Cañaris, los antimineros pensaron que también lo habían logrado, pero resultó que la víctima fue un pobre anciano que murió en su cama de un infarto. Al final, el objetivo central de quienes fueron condenados por terroristas, y que hoy dicen ser ecologistas, no ha variado. Ellos todavía intentan llegar al poder a través de un fusil, aunque en esta ocasión es el otro lado el que lo está disparando. Así que el corazón de su negocio sigue siendo el mismo: muerte y destrucción es lo que están buscando.

Igual ocurre con la intención de arruinar el aparato productivo: ya no destruyen puentes o torres de transmisión, sino que logran que allegados sean elegidos para aumentar la pobreza en la población. De esa manera han logrado excluir a millón y medio de cajamarquinos del creciente bienestar que vive el resto de peruanos. Por ejemplo, mientras que en el país en general se crean anualmente 350 mil nuevos puestos de trabajo, en Cajamarca se han perdido 77 mil empleos el último año.

Por ello, es claro que no tiene sentido usar dinamita o anfo si cuentan con la capacidad destructiva del Sr. Santos. Sin duda, el negocio de los ex (?) terroristas no ha cambiado. Ojalá el Gobierno no se deje engañar nuevamente por reuniones sin ningún resultado.