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Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

El congresista Spadaro declaró hace pocos días que "(la) investigación parlamentaria de la interceptación telefónica de BTR demuestra que hubo interferencia política de las 'altas esferas del gobierno aprista'. (…) por esa razón, determinados ministros y personas vinculadas al exmandatario que estaban comprometidas en hechos irregulares, han pretendido ejercer presión para que no se conozcan las interceptaciones" (Perú 21, 8.9.2013).

El legislador fujimorista agregó que "lo que queda claro es que se trataron de esconder muchas pruebas o borrar alguna información debido, principalmente, (…) a que se pusieron nerviosos en las altas esferas del poder" (Correo, 11.9.2013).

Y como en política ninguna declaración es gratuita, la evidencia señala que la contienda en la 'megacomisión' ya no será solo entre el perseverante Sergio Tejada (Gana Perú) –es decir, el oficialismo– y el Apra: ha hecho su ingreso en la arena, y con inusitada vitalidad, el fujimorismo.

Ahora el partido que defiende a Alan García deberá hacer frente a la artillería proveniente de las dos principales fuerzas parlamentarias.

A estas alturas, y al margen de cualquier deseo, un análisis de escenarios para el 2016 coloca como uno de los enfrentamientos más probables, en segunda vuelta, el de Keiko Fujimori y Alan García. Por eso el fujimorismo debe estar particularmente interesado por magullar todo lo posible al expresidente y seguro candidato del Apra. Y si fuera posible sacarlo de carrera, aún mejor.

Mientras tanto, la candidatura de Keiko Fujimori se esmerará en la difícil tarea de desligarse del sello de corrupción con el que se identifica –también– la gestión de su padre. No por gusto los voceros de su partido se han desvinculado, aparentemente, de la defensa de Alberto Fujimori.