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Ciudad común

“Creo que la revolución del mundo está en el entendimiento de nuestra sociedad como un bien común”.

Ciudad común

Ciudad común. (Getty)

Ciudad común. (Getty)

Mariana Alegre
Mariana Alegre

Esta semana, Lima fue sede de la XVII Conferencia Bienal de la Asociación Internacional para el Estudio de los Comunes (IASC 2019), evento sobre los comunes más importante del mundo organizado por la PUCP. Pero ¿a qué me refiero con los comunes? Los bienes comunes o los “commons” son aquellos recursos accesibles a todos, como el agua y el aire. Estos recursos son comunes a todas las personas y no son propiedad privada de nadie.

Para mí no hay bien común más obvio que las ciudades y en ese sentido creo que la revolución del mundo está en el entendimiento de nuestra sociedad como un bien común, con una gobernanza centrada en el aprovechamiento racional de los recursos que tenemos disponibles para todos y todas permitiendo que nos duren para siempre. ¿Es esto una utopía? Las ciudades hoy concentran a la mitad de la población del planeta y representarán el hábitat para la vida de dos terceras partes de la población en 2050. Esto nos plantea una serie de retos para lograr que nuestra calidad de vida sea buena y, sobre todo, la distribución de los recursos sea sostenible.

Es por eso que el sistema urbano y sus distintos sub-sistemas deben ser atendidos de forma articulada. Para lograr ese necesario equilibrio, la planificación urbana juega un rol clave. Planificación urbana que ha sido vilipendiada y despreciada. Y que, precisamente, por ignorarla nos muestra fenómenos terribles como las mafias de traficantes de tierras ante la ausencia de una política efectiva de vivienda social. Pero no solo el Estado falla, el modelo de mercado también se resiste a la idea de que la propiedad privada es ilimitada e irrestricta. Esto no es compatible con una ciudad que, en sí misma, necesita regulación y guía para poder ofrecer un balance de oportunidades para todos y todas.

La Bienal tuvo como invitada estrella a Brigitte Baptiste, quien, crítica como siempre, planteó la necesidad de entender la biodiversidad como el centro del debate. De la misma manera que en la discusión urbana el centro es la persona. Sin embargo, al igual que en los ecosistemas y en los territorios, el gran desafío se encuentra en la gestión de los bienes comunes, entendiéndolos como sistemas abiertos y complejos, que deben tener la capacidad para que su gobernanza no pierda ese objetivo general de bienestar que tanto necesitamos. En el caso de las ciudades, necesitamos que estas sean resilientes y adaptadas al cambio climático. Sin esto no habrá cambios y nuestro destino no será positivo. Se viene la revolución de las ciudades. De las ciudades comunes.

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