El es uno de los principales productos de agroexportación del país. Según el , un tercio del empleo agrícola en el Perú está relacionado al mercado del café y 2 millones de peruanos dependen de esta actividad. En ocasiones, el trabajo del caficultor se ve afectado por el cambio climático, influyendo en la producción de café y en la sostenibilidad del negocio, pues reduce la vida fértil de las plantaciones y disminuye la calidad de cultivo.

Por ello, la organización Solidaridad, enfocada en el desarrollo de mercados sostenibles e inclusivos, y la Iniciativa Noruega por los Bosques y el Clima (NICFI) a través de su proyecto “Café del Futuro”, viene impulsando en nuestro país la transformación hacia una caficultura climáticamente inteligente que apueste por el futuro del sector. Asimismo, este proyecto busca generar cultivos de café que no solo sean resilientes ante los efectos del cambio climático, sino que sean rentables para el productor, protejan su seguridad alimentaria y reduzcan la deforestación. La experiencia del proyecto podría ser replicada e impulsada por gestores de políticas públicas, sociedad civil y la empresa privada.

“Gracias a las nuevas prácticas, ya no tumbo bosques y en el mismo terreno puedo sembrar mayor cantidad. Con un diseño y distanciamiento determinados, entran 3500 plantas. Antes en una hectárea se cultivaban tan solo 2500 plantas y no había orden. Desde que se implementó el modelo de prácticas circulares, la calidad de mi taza ha mejorado. En el proceso de poscosecha, anteriormente manejábamos un rendimiento de 73 puntos. Estoy sorprendido, porque ahora estamos obteniendo un rendimiento de 82. Así voy mejorando poco a poco”, menciona Silver Denis Torres Becerra, Productor líder de la Asociación Frutos de Selva CC. PP. Alto Carrizal, distrito de Jepelacio, provincia de Moyobamba en el departamento de San Martín.

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El proyecto “Café del futuro” ha enfocado sus actividades en la creación de plataformas que reduzcan la deforestación y desarrollo de herramientas para modelos productivos sostenibles, generar inversiones del sector privado para impulsar la demanda de café climático inteligente e incrementar el número de caficultores que trabajen en esta transformación.

En cuatro años, este modelo ha logrado promover la transformación de la caficultura convencional en el trabajo de casi 3000 productoras y productores cafetaleros beneficiarios del proyecto. Gracias al incremento de agricultores que producen café climáticamente inteligente, se espera reducir la deforestación en al menos 5234 hectáreas en Perú y Colombia. Además, el modelo al usar un adecuado abonamiento o fertilización del cultivo, ha contribuido a elevar el puntaje de taza y a aumentar la calidad del café y su productividad.

Respecto al cultivo del café, la productividad presenta una tendencia al crecimiento. Los beneficiarios obtuvieron 13.91 quintales por hectárea (QQ/Ha) en el 2017 y tras la intervención del proyecto se estima un rendimiento de 17,88 y hay un cambio en el beneficio del café en cuanto al método de procesamiento, pues se ha pasado a uno de mejor calidad y eficiencia que reduce el consumo de agua, las cuales se pueden convertir en un insumo biofertilizante. Con esto se reducen los costos de producción, aumenta la productividad y se bajan las emisiones de gases de efecto invernadero.

El 90.65% de beneficiarios desarrolla prácticas de conservación de suelos. La más difundida son las siembras a curva a nivel, barrera vivas o muertas que reducen la erosión de los suelos, el mantenimiento de la hojarasca y el mantenimiento de los árboles de sombra. Además, 49.06% de los productores asocian la siembra de árboles con especies de alto valor comercial maderable como sombra en el cafetal con una estrategia eficaz de conservación del bosque y generar ingresos futuros para su familia como así elevar la captura de carbono de sus fincas con miras a comercializar estos en los siguientes años. El 86.92% de beneficiarios realiza reforestación en sus fincas.

La tendencia a reducir emisiones y a incrementar los secuestros de carbono resulta algo muy positivo en vía a los objetivos trazados. Las parcelas y cuencas que estaban emitiendo gases de efecto invernadero (GEI) logran pasar del estado de emisores a secuestradores en 1.14 toneladas de CO2e por año. También se ha podido establecer con claridad que las fuentes de mayor emisión de CO2e corresponden a la aplicación de fertilizantes, el mal manejo de las aguas mieles, así como el mal manejo de los residuos orgánicos.

Por otro lado, hay un cambio en el beneficio del café en cuanto a los métodos de procesamiento, pues se ha pasado a uno de mejor calidad y eficiencia que reduce el consumo de agua. Esas aguas resultantes que se dan del mismo consumo se pueden convertir en un insumo biofertilizante y ser reaprovechado por el mismo cafetalero. Con esto se reducen los costos de producción, se incrementa la productividad y se bajan las emisiones de gases de efecto invernadero.

Finalmente, este proyecto consiguió promover el cambio de técnicas tradicionales por unas que generan un mejor rendimiento ambiental, financiero y socialmente sostenible para las familias de cafeteros.

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