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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@ceprovi.org

Más allá, un muerto a la izquierda de la pista. No salía de la impresión cuando más allá, al lado derecho, otro hombre tirado. ¿Es que el Ministerio de Transportes no puede entender que los accidentes son producto de emociones destructivas reprimidas? Estas se expresan a través de síntomas como depresiones y obsesiones. También a través de ansiedades o angustias que hacen que el sujeto maneje sin concentración o bebido, que no se cuide, que quiera ganarle al otro. Parecen errores, pero no lo son. Tienen un sentido oculto, como si respondieran a una intención desconocida de dañarse y dañar a los demás. Las sanciones no son la solución. En Inglaterra se redujeron los accidentes preocupándose por la persona del conductor: su calidad y objetivos de vida, visión de su futuro y apoyo a su familia, entre otros. El ministerio tiene que exigir que las empresas asistan en salud emocional a sus choferes, que cuiden sus descansos, que son personas y no solo un costo. También en campañas masivas para los particulares, explicándoles que un accidente es un mensaje del inconsciente.