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Guido Lombardi,Opina.21glombardi@peru21.com

La Amazonía (que constituye dos tercios del territorio nacional) contiene el 20% de las reservas de agua dulce del planeta y casi el 15% de la superficie boscosa de la tierra que, sin embargo, se deforesta a razón de 1,500 kilómetros cuadrados por año. No obstante la enorme biodiversidad (no alcanzaría el espacio de esta columna solo para enumerar la variedad zoológica y botánica que alberga), su riqueza mayor la constituyen sus habitantes nativos, que a lo largo de milenios han aprovechado y conservado esa maravilla viviendo en armonía con la naturaleza, y han sido capaces de mantener sus tradiciones y formas de vida ancestrales.

Allí viven hoy 350 mil nativos pertenecientes a 15 distintas familias etnolingüísticas, de los cuales tendríamos mucho que aprender si fuéramos capaces de hacerlos visibles. Pero hay entre nosotros quienes consideran, por desgracia, que al no ser una población electoralmente significativa ("la mayoría ni siquiera tiene DNI" he llegado a escuchar), sus problemas no son prioritarios y el espacio que ocupan es solamente un "recurso" que hay que explotar (aunque el termino exacto sería "saquear"), sin importar las consecuencias de esa explotación.

Aparte del impacto positivo que el anuncio, formalizado el lunes, tendrá en el turismo, en la difusión de sus productos, en la ampliación de zonas protegidas (entre las cuales hay que priorizar la declaración de Reserva de Biósfera de la zona norte del departamento de Amazonas), la consecuencia fundamental será darles presencia, voz y autoridad en el diseño de su futuro a los nativos amazónicos, que bien se lo merecen.