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Dr. Rodrigo Rondón, Opina.21familia@peru21.com

La violencia que se vivió en La Parada nos ha causado un fuerte impacto a todos los peruanos. Y no solo por el ataque de unos seres humanos a otros, sino por la violencia desatada contra animales, en este caso caballos, los que desde el principio no debieron estar en el lugar por ningún motivo.

El caso de Lamar, la yegua con la pata fracturada, que también sufrió las consecuencias de este cobarde ataque de estos delincuentes, conmocionó a la población.

Se le tuvo que sacrificar de inmediato para que no sufriera más. Y es que los animales no pueden expresar dolor, por lo que nadie imagina el que debió haber sentido la yegua, de 12 años. La lesión que sufrió era irreversible.

A un caballo no se le puede enyesar ni poner clavos pues, para ello, sería necesario inmovilizarlo, y un caballo siempre está en movimiento o parado en sus cuatro patas (posición en la que incluso duerme).

No había forma de que esa pata se pudiera soldar. Lamar no habría podido volver a correr ni a caminar. Ni siquiera podría haber dormido tranquila.