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La dictadura chavista se la hizo de nuevo a la oposición venezolana e internacional. El apresamiento de Leopoldo López y Antonio Ledezma constituye otra prueba más de que el régimen está fuerte en su avance, actúa de manera estratégica y premeditada, y que no está dispuesto a dejar el poder.

¿Por qué beneficiaron a López y Ledezma con la detención domiciliaria? Pues para sensibilizar a sus opositores y a quienes se mantienen neutros en Venezuela; fue una movida inteligente, a la luz de cómo avanzaron las cosas.

¿Por qué volverlos a encarcelar? Por varias razones. Para empezar, es clave –para toda dictadura que se precie de serlo– dejar a la oposición sin líderes. Miremos a Cuba: ¿quién lidera la oposición, después de 60 años de la más cruel y perversa dictadura latinoamericana? Nadie. ¿Por qué? Simple: cada vez que uno asomaba como líder, pues al calabozo. Sin líderes, la oposición es débil y actúa de manera desorientada.

Otra razón es que la medida refuerza la sensación de poder del régimen. Esto es muy útil para desincentivar a sus opositores a seguir actuando y, por otro lado, envalentona a sus sicarios a seguir firmes con ellos.

La dictadura castro-chavista no caerá por obra de las fuerzas democráticas internas, sanciones internacionales, menos aún por lo que organismos como la OEA u otros similares puedan realizar. Sirven, pero no son suficientes.

Era clave para la dictadura recuperar el Congreso, y para ello la creación de una Asamblea Constituyente fue una movida audaz y precisa. Una vez más, el régimen demuestra actuar con objetivos claros y precisos, lo que demuestra, a su vez, la injerencia castrista en los ámbitos políticos venezolanos.

Hace bien el presidente Kuczynski en hacer un llamado al régimen, pero eso no le moverá un pelo a la dictadura. Romper relaciones tampoco, pero igual deberíamos hacerlo: tal vez ello mueva a otros a tomar mayores medidas. Si la oposición venezolana no siente el apoyo internacional, nada moverá a las Fuerzas Armadas a deslindar del régimen.