Foto: Rafael Cornejo.
Foto: Rafael Cornejo.

Kina Malpartida,BoxeadoraAutor: Gonzalo Pajares.gpajares@peru21.com

Kina Malpartida, nuestra campeona mundial de box, defiende esta noche –en el estadio Miguel Grau del Callao– su título frente a la tailandesa Shiphrae Nongkipahuyuth. Promete vencerla y, así, hacernos olvidar el impronunciable apellido de su rival.

Tu madre dice que eres una perfecta percha, que pudiste ser modelo…El modelaje nunca me apasionó, nunca pensé en tomarlo como carrera. Pero hoy, que soy boxeadora, me gusta modelar, posar. No le temo a la cámara. Es más, me gusta ser imagen de algunas marcas y ayudar a que estas se vendan más, pero ser únicamente modelo no me gusta porque esa actividad solo se basa en cómo te ves. Es más, mi meta es convertirme en una marca.

Tu mamá dijo que tu pecho pequeño podría haber ayudado a tu carrera de modelo…(Risas). Sí, pues, las modelos no son muy tetudas. Mi mamá es bien graciosa y muy talentosa. La admiro porque es muy natural y no tiene límites: lo que quiere lo hará. Es muy creativa, muy artística, y en esto me parezco a ella. De mi papá tengo el lado humano, el carisma, lo conversador, lo dicharachero.

Eres muy llorona…Ya no más (ríe). Antes lloraba al final de mis peleas como una descarga por el esfuerzo inmenso que había hecho para llegar entera al ring. Pero hoy lidio mejor con estas cosas, nunca me he sentido mejor, lista para subir al ring y pelear. Hoy tengo la cabeza muy fría, sé qué debo hacer en el ring: mi objetivo es pegar y que no me peguen.

¿Quieres destruir a tu rival?No hay rabia, no hay ganas de destruir ni de matar, no hay emociones fuertes, todo es muy frío. Es importante no dejar que las emociones te ganen, no tener cólera, porque todo esto puede impedir que fluya la energía. Adrenalina sí hay.

¿Es cierto que fuiste sparring de hombres?Sí, ahora mismo en Los Ángeles lo fui. ¿Abuso? No, solo hay que saber trabajar, evitar, sí, a quien quiere sacarte el ancho porque pelear con hombres puede ser parte de nuestro entrenamiento. Me ha pasado que me golpearon y, cuando eso sucedió, cambié de entrenador porque este no me estaba cuidando.

Fuera del ring, ¿cuál ha sido tu pelea más difícil?La muerte de mi papá. También me chocó mucho ir a Australia, estar sola. Acá tenía familia, amigos, comodidades. Allá no conocía a nadie, tenía que trabajar, pagar mi comida, mi casa, ser independiente; encima, estaba sola. Pero este malestar solo me duró un mes.

Pero antes de irte ya vivías días duros en Lima…Es verdad. Pero Australia me ayudó porque sentí que allí todos eran libres, iguales, sin clases sociales. El barrendero puede tomarse una cerveza con un millonario y hablarse de tú a tú. Allí, uno puede ser lo que tu talento, exigencia y responsabilidad te permitan.

Has sufrido mucho. ¿Estos son tus mejores días?Me he ganado mi lugar. Desde chica sabía que era especial, que algo grande iba a lograr y que tenía que compartirlo con mi gente. Por eso he trabajado mucho, porque sabía que tenía un don. Por eso ha sido rico alcanzar mi meta, ser quien me imaginé… y todavía falta más.

Acá eres conocida, pero ¿podrás ser una figura mundial?En el boxeo hay un límite. Pero, sabes qué, para las mujeres las cosas están cambiando: se nos respeta cada día más porque hay mejores boxeadoras, al punto que desde este año será un deporte olímpico. Igual, yo no me limito.

Hace un tiempo me contabas que había mucha gente mala que quería aprovecharse de ti.Sí, pero cada vez menos porque se han dado cuenta de que soy bien inteligente, que tengo un don, que soy una campeona. Hoy se me acerca la gente honesta.

¿Eres difícil?No me dejo pisar el poncho. Pero, si tú y yo tenemos un mismo fin, no soy nada difícil.

Dyson, tu apellido, es inglés…Mi madre es bien inglesa, muy puntual. A los 18 años nos dijo a mí y a mi hermano que debíamos vivir solos y trabajar, que no nos iba a tener con ella hasta los 30, algo que sucede mucho acá (risas). Había una señora que trabajaba en la casa, pero mi madre nos daba tareas como lavar los platos, preparar la ensalada, tender nuestras camas, limpiar nuestros cuartos… algo teníamos que hacer. Además, nos enseñó a ser considerados: si alguien te invitaba a su casa, debías llegar con algo. Ella nos enviaba con dos bolsas llenas de compras. Dime, ¿qué peruano hace eso? (risas). Yo empecé a valorar esto cuando me fui a vivir sola, en Australia, allí supe que mi madre me había dado valores, porque es bueno ser agradecido, solidario, considerado, etcétera. Ella me preparó para la vida.

Te invito a mi casa…Ya, pues, pero allí sí me acriollo y llego sin nada (risas).

AUTOFICHA

- Me gustan Nueva York, Londres y Sidney. Nueva York está ligada a mi vida porque en el Madison Square Garden gané el título mundial y me gusta su movida artística.

- Londres me encanta porque mi madre es de ascendencia inglesa –toda mi familia es inglesa– y siempre iba. Es más, estudié un año allá.

- El mar es parte de mi vida. Allí me relajo. El domingo, después de mi pelea, me voy al norte. Nunca he dejado de correr tabla. ¿Novio? Solo un par de pretendientes.