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Carlos Carlín,Habla.Babasccarlin@peru21.com

Aunque no soy su amigo ni lo llamo por su santo, a JB le tengo cariño y respeto porque me demostró que es una buena persona. Cuando el año pasado un ser siniestro inventó una historia que me perjudicaba, JB aceptó darme una entrevista y contar lo que realmente sucedió. Normalmente no se sienta en un estudio sin la protección de sus personajes, pero esa vez lo hizo porque consideró que se me estaba 'apanando' injustamente por las mentiras de un indeseable que él conoce. No es la primera vez que me toca ser testigo de un gesto noble de JB. Hace 20 años, cuando yo era practicante de América TV, me enteré cómo defendió a su elenco de los abusos de un gerente matón que tenía por hobby no pagarle a la gente. JB se expuso a los bramidos de ese impresentable, pero se ganó el respeto del canal. Así es JB: una persona que trabaja y deja trabajar a su equipo. Que no necesita de shows regalones para demostrar que es ser humano. Que no esconde pasados oscuros. Que no teme que otros se luzcan porque está consciente de su talento. Cuando varias noches me lo he cruzado en el canal, siempre me ha saludado amablemente y yo siempre me he quedado con las ganas de decirle: ¡Gracias, JB!