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Lucía de Althaus,Opina.21quererteatiperu21@gmail.com

Hay niños que nos retan y molestan, dejándonos la sensación de que todo lo hacen para molestarnos. Pero no siempre es así. Pensemos en un niño de dos años que coge su cuchara y empieza a golpear la mesa de manera incesante. Le decimos que no lo haga, pero parece no escucharnos. Nos molesta el ruido y puede malograr la mesa. Entonces pensamos: "¿Lo hace a propósito para molestarme?". Puede ser que sí, porque quizás ya recibió demasiados NO en el día y es su manera de quejarse ante tanta limitación. Pero, antes de afirmar esto, deberíamos pensar que quizás con ese movimiento rítmico está descubriendo el sonido que produce el choque entre la cuchara y la mesa, algo novedoso para él. Si creemos eso, la comunicación –y, por ende, la relación entre madre e hijo– puede cambiar de manera poderosa: "¡Qué linda música estás haciendo! Pero ten cuidado, que puedes malograr la mesa". Puede sonar iluso, pero estoy segura de que, de esa manera, el niño no tendrá la necesidad de dar la contra. Seguirá probando un rato más y, luego, lo dejará.