Foto: David Vexelman
Foto: David Vexelman

Algunos dicen que la 'U' es una religión. Que te hace orar y arrodillarte. Para los que dicen y cuentan esto, el Nacional fue ayer el templo crema; el grito de triunfo, su cántico, y el 2-1, su verdad. La fe de Alianza no alcanzó. No vivió a su lado.

Esta historia dejó en claro que la hora de los jóvenes es la mejor. Es un tiempo que no deja pausa, una invitación al vértigo. Saco Vértiz, Schuler y Chávez metieron, corrieron, empujaron y marcaron.

En Alianza, Reyna fue un dolor de cabeza hasta que salió lesionado. Cánova puso candado a la defensa, Bazán desbordó hasta las sombras, y Beltrán se 'comió' la volante. Atrás quedaban las viejas e inútiles contrataciones. Era hora de la sangre joven.

Y esa sangre empezó siendo blanquiazul. A los 6', Viza estuvo cerca, lo mismo que Charquero dos minutos después. Polo y Flores, en cambio, no desnivelaban. Hasta que, a los 20', Reyna dejó la cancha tras un choque con Galliquio y Alianza sintió que la cruz en el pecho le iba a pesar mucho. Sobre todo cuando Saco Vértiz 'crucificó' a Libman con un espectacular tiro libre, muy parecido al que 'Ñol' le hizo a Schmeichel, golero del Manchester, recién aterrizado en la Premier.

Alianza lo intentó con Johnny Vidales, pero el joven atacante erró dos chances (28' y 36') y el gol, quizá merecido, tuvo que esperar. No mucho, eso sí, porque Paulo Albarracín metió un zapatazo terrible, de esos que parecen caídos del cielo, e igualó todo ni bien iniciado el segundo tiempo.

Beltrán tuvo el 2-1, pero le pegó por arriba. Y por arriba llegó el desnivel: tiro libre de Calcaterra y aparición de Edison Flores para cabecear solo y desatar la fiesta en un templo que ayer fue crema.