El consumo de marihuana ha estado presente en la historia de la humanidad desde hace 5 mil años. El cannabis es una planta de tamaño medio a alto, recta, de floración anual, originaria de Mongolia y la zona sur de Siberia. Es una planta dioica, es decir, que hay plantas macho (polen) y plantas hembra (óvulos). Se cree que la mayoría de culturas antiguas consumían el cannabis, pero no solo cultivaban la planta con fines recreativos, sino medicinales. En el último siglo, lamentablemente, las propiedades medicinales de la marihuana han quedado relegadas, desprestigiadas y sin investigar a mayor profundidad, debido a la mala reputación y estigmatización del consumo recreativo de la planta. Pero esto está cambiando.

El primer contacto de América con el cannabis fue a través de Cristóbal Colón, que portaba en sus embarcaciones un estimado de cerca de 80 toneladas de velas y cuerdas hechas de cáñamo. A fines del siglo XIX, los extractos de cannabis se vendían en farmacias y consultorios médicos en Europa y Estados Unidos para tratar problemas estomacales y otras dolencias. Más tarde, los científicos descubrieron que el THC era la fuente de las propiedades medicinales de la marihuana. Como compuesto psicoactivo de la planta responsable de los efectos que alteran la mente, el THC también interactúa con áreas del cerebro que pueden disminuir las náuseas y promover el hambre.

Caso peruano

En 2019, después de años de activismo a favor de la legalización, se publicó la Ley Nº 30681, que regula la investigación, producción, importación y comercialización del cannabis para uso medicinal y sus derivados. Actualmente es legal la venta de aceites derivados de la marihuana, pero solo de los cannabinoides CBD y THC. Aún hay restricciones que impiden el acceso a más tipos de cannabinoides, lo cual limita las posibilidades de los afligidos, ya que las sutiles diferencias pueden tener grandes impactos en los pacientes, según las enfermedades que padezcan. Pero el mayor problema está en el estigma social, que hace que miles de padres y madres en el Perú no contemplen el uso del cannabis como una alternativa real, ya que se asocia cualquier variante de la marihuana con los estereotipos del consumo recreativo. Este estigma también ha impedido que se investiguen las propiedades a mayor profundidad. Recién estamos descubriendo los cientos de beneficios de esta injustamente desacreditada planta.

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Si bien en el Perú muchos médicos aún son algo reacios a sugerir el cannabis como una alternativa a la medicina occidental, hay quienes han tomado esta ley como una oportunidad para poder ayudar a sus pacientes con una visión más integral. El Dr. Brahim Saba es uno de ellos. El médico fundó el grupo Anandamida, que ofrece atención médica, productos a base de cannabis y consultoría para negocios afines.

En el Perú actualmente existen tres indicaciones para realizar terapias de cannabis: epilepsia refractaria al tratamiento, dolor crónico o neuropático y náuseas o vómitos en pacientes que reciben quimioterapia.

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Buscando Esperanza

El 7 de febrero de 2017, la Policía allanó una vivienda en San Miguel y se llevaron siete plantas de cannabis sativa, un sistema de hidroponía y una prensa, que madres y cultivadores usaban para procesar aceites que servían para tratar a menores con trastornos neurológicos. Estas madres pertenecen a la organización Buscando Esperanza, creada por mujeres que buscan mejorar la calidad de vida de sus hijos. Dorothy Santiago (33) es una de ellas. Desde que su hijo Rodrigo (9) tenía tres meses, empezaron las convulsiones. Dorothy, como buena madre, buscó todas las alternativas posibles. Para cuando su hijo tenía 4 años, Rodrigo ya había sido internado en varias oportunidades. La condición del pequeño se había acentuado y sufría cerca de 15 convulsiones severas al día. No podía dormir, no podía comer y no podía desarrollarse como un niño. Los cinco fármacos que debía tomar al día para evitar las convulsiones le dañaban el organismo y no impedían los episodios.

En 2016 empezó a traer CBD desde EE.UU. a través de amigos. Los episodios no disminuyeron, pero su hijo recuperó el apetito, podía dormir mejor y estaba más contento. Eso le dio esperanza y continuó buscando más información. Más adelante asistió a una conferencia del uso de cannabis medicinal, donde uno de los médicos ponentes le recomendó que usara gotas de TCHA. Dorothy notó los cambios desde el primer uso. De las 15 convulsiones que tenía al día, bajaron a una. El estado de ánimo del niño mejoró notablemente y Dorothy está más contenta habiendo hallado una alternativa que mejora la condición de su hijo. El grado de enfermedad en Rodrigo ha sido tan fuerte que no ha podido desarrollarse como un niño. Es totalmente dependiente. Con el cannabis está logrando independizarse cada vez más.

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