El lunes por la tarde, Alberto Fujimori paseaba en el asiento del copiloto de la camioneta blanca de placa CJC146, de propiedad de Riera Law Office, SAC, con sede en La Molina.

Después de un almuerzo ligero, el patriarca de los Fujimori saludó a muchas personas en San Isidro, mientras el vehículo se estacionó en un par de notarías de la zona, cerca de la Av. Javier Prado. Luego, el carro enrumbó hacia el Jockey Plaza para el consabido baño de pueblo. Hubo selfies, abrazos afectuosos y hasta pequeñas colas alrededor para saludarlo. Se tomó varios minutos en conversar con una persona en silla de ruedas, claramente emocionada con su presencia.

A pesar de su cánula de oxígeno, el expresidente habló con firmeza y bastante confiado sobre la actualidad política peruana. Lo que dijo sirvió para arribar al menos a tres conclusiones. Pero también para despertar tres nuevas preguntas.

EL ACUERDO

“No, no se justifica (convocar a nuevas elecciones). El gobierno de la presidenta Dina Boluarte va a continuar hasta 2026″, dijo Fujimori. “Por lo menos, Fuerza Popular y el fujimorismo así lo han acordado”.

La prensa se ha centrado en la primera parte de la sentencia. Esa frase sería la confirmación de lo que ya es obvio: el acuerdo de los naranjas con el gobierno. O, mejor dicho, la alianza con la ‘pareja presidencial’ conformada por Dina Boluarte y César Acuña.

Como se contó en estas páginas, el pacto se consolidó en noviembre de 2023. En aquellos días, la Fiscalía preparaba una denuncia constitucional contra Dina Boluarte y Alberto Otárola. Y también un pedido de detención preliminar contra el premier. La respuesta fue usar el caso del agente especial ‘Roberto’ para neutralizar la bomba. Y, paralelamente, ofrecer el indulto del líder histórico. Así nació el fujialbertismo o pacto albertista.

El primer ministro ha salido a negarlo todo. “No existe ninguna alianza con ningún partido político, ni tampoco con el fujimorismo”, dijo en conferencia de prensa, deslizando el lapsus freudiano de la doble negación. “Ni en el Congreso ni en una alianza de tipo político. Lo que sí ha existido y existirá, por efecto de asegurar la gobernabilidad del país, son acuerdos muy puntuales en políticas públicas, normas y leyes que van a convenir a los altos intereses del país”.

César Acuña, raudamente, salió también a desmentir el pacto con el mismo sentido de oportunidad con el que un ampayado sale a negar una infidelidad.

La frase más interesante de Alberto Fujimori, sin embargo, no es la que confirma la alianza. Es la siguiente: la que confirma que, para el patriarca, Fuerza Popular y el fujimorismo son dos instituciones separadas y hasta cierto punto autónomas. Primera conclusión: Fuerza Popular y el fujimorismo son dos fuerzas distintas.

LA CANDIDATURA

“(Sobre una posible candidatura de Keiko) todavía es prematuro tomar decisiones, pero en su momento lo haremos”, dijo el expresidente. “El fujimorismo va a estar presente todavía. Lo que se va a hacer es que el fujimorismo siempre esté presente. Hay público…”.

A la luz de la primera conclusión, surge la primera pregunta. ¿Quién será el candidato naranja? Por su respuesta, pareciera que el ‘Chino’ Fujimori no quiere retirarse de la política. Porque, cuando dice “el fujimorismo”, se refiere evidentemente a él mismo. Voces de su entorno confirman que su figura acompañará la campaña presidencial, aunque no necesariamente como candidato. Teniendo la misma edad que PPK, solo habría paralelos en figuras como Joe Biden, Shimon Peres (Israel), Joaquín Balaguer (República Dominicana), Mahathir Mohamad (Malasia) y algunos dictadores de ingrata recordación.

También se habla de una postulación al Senado. Como se recuerda, en 1990 Fujimori candidateó a la presidencia para impulsar su candidatura al Senado. No pensaba ganar.

En aquellos tiempos se podía hacer esa doble postulación. Y si se aprueba la bicameralidad en la próxima legislatura, volveríamos a tener esa figura.

EL OTRO PACTO

“Cada persona comete sus errores, ¿no?”, dijo el exdictador Alberto Fujimori sobre Vladimiro Montesinos. “Pero él cumplió también su función. Él trabajaba en inteligencia y en inteligencia lo hizo bien. Bueno, al final un poco que se mareó, pues. Lo mareó el dinero”.

La segunda conclusión es evidente: Fujimori le devolverá al ‘Doc’ el favor del caso Pativilca. Como se comentó en Perú21, la sentencia a 19 años y ocho meses de prisión a Montesinos por ese caso desconcertó a penalistas y juristas. La condena se dio por cumplida, pues se subsume a la pena mayor de 25 años que ya viene cumpliendo el exasesor. Y abrió las negociaciones con el exdictador a través de sus abogados, pues dejó abierta la posibilidad de exculparlo o inculparlo. Tras ser exculpado del caso Leonor La Rosa, el asesor busca también limpiar su imagen con miras al 24 de junio de 2026, fecha en que saldrá en libertad. Incluso viene negociando futuras entrevistas en medios, igual que su par en el gobierno. ¿Los siameses volverán a hacer política juntos? No pareciera haber espacio para más de un reciclaje de ese tipo. Todo esto, por supuesto, puede caerse como un castillo de naipes.

Porque, a decir de lo indicado por el otro Alberto, “el expresidente Fujimori ha brindado declaraciones y lo que deseamos desde el Poder Ejecutivo es que siga cuidando su salud”, advirtió. “Y que es una de las razones por la que los jueces han concedido el indulto y los sucedáneos judiciales posteriores”. Un pedido de saluda que suena más siciliano que japonés. Y un recordaris de que el frágil acuerdo puede ser revertido como el indulto a Francisco Crousillat, por ejemplo. Y a la luz de las respuestas de los parlamentarios keikistas y, tras el caso ‘Roberto’, parece evidente concluir que la agrupación naranja está más dividida de lo que se piensa.

Y eso desprende la tercera pregunta. Más allá de si dure el gobierno de Dina Boluarte, ¿durará el fujimorismo como un solo partido al 2026?