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Redacción PERÚ21

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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Mientras que también era previsible que el acuerdo fuera cuestionado por quienes ideológicamente se oponen a que cualquier servicio público sea privatizado.

En todo caso, lo que es innegable es que si hay un servicio que ha mejorado tremendamente desde que el Estado dejó de proveerlo, ha sido el telefónico. De ser un artículo de lujo al cual accedían unos cuantos privilegiados, los teléfonos se han convertido en el principal medio de integración entre los peruanos. Prácticamente no hay hogar urbano que no tenga un teléfono, mientras que ya son mayoría los que cuentan con uno en el campo. Más aún, en el año 94 había solo 52 mil celulares en todo el país y hoy ya hay 33 millones de celulares activados.

Incluso, como comparación con empresas públicas, ese mismo año la cobertura nacional de agua y saneamiento era de 42%, mientras que 18 años más tarde todavía el 43% de los hogares peruanos no tienen acceso a agua potable y alcantarillado. Por ello, no tenemos duda de que si el servicio telefónico se quedaba en manos estatales, hoy no habría más de 2 o 3 celulares en cada vecindario y para obtener uno tendrías que esperar años. En realidad, no existe argumento válido para mantener el agua y los desagües como monopolio del Estado.

Por otro lado, lo que sí se requiere es mejorar la calidad del servicio y crear las condiciones para reducir las tarifas que son demasiado elevadas. En ese punto, el Estado tiene un rol fundamental que cumplir a través del regulador para lograr mayor competencia posible en el mercado y garantizar que los derechos del consumidor sean respetados. Si bien el sector telefónico es una historia de éxito que ha beneficiado a los peruanos, debemos asegurarnos de que el servicio se siga ampliando y continúe mejorando.