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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

En realidad es, más bien, una tragicomedia el ver la desesperación del jefe de la Policía por quedarse entornillado en el cargo.

Así tenemos que montó una conferencia de prensa a altas horas de la noche para tratar de hacernos creer que una 'brillante labor de inteligencia' permitió recuperar a un bebé recién nacido que había sido secuestrado. Sin embargo, resulta que fue la cuñada de la secuestradora la que había llamado a la madre del niño para darle la dirección donde podían encontrarlo.

Por otro lado, el día anterior, al presentar al 'campana' del asalto a la notaría, el general en cuestión decidió culparlo de ser el que había asesinado al empresario. Pese a que, en la confesión, esa posibilidad ni siquiera se había contemplado. Habrá pensado que esa acusación le daría un toque más dramático a una presentación cuyo objetivo era el tratar de limpiarlo de los cargos de incompetencia de los que ha sido acusado.

Finalmente, luego del escándalo de las Brujas de Cachiche y de los fracasos tanto de la 'Operación Libertad' como del operativo de La Parada , sería el puntillazo final a la baja moral policial el no asumir responsabilidad echándole la culpa a un subalterno por haber mentido sobre la persecución que nunca se habría efectuado.

En cualquier caso, la tradición marcial es que a los generales que pierden las batallas se les quita el mando, siempre que no se hayan suicidado antes por la vergüenza de haber sido derrotados. No estamos sugiriendo que se haga el harakiri el general, pero si el jefe que ha fracasado es recompensado con la permanencia en el cargo, nunca existirá incentivo alguno en la Policía para cumplir sus labores de un modo adecuado.