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La gran minaría en jaque

“Las empresas mineras destacan por su incapacidad para gestionar adecuada y oportunamente el frente social, mientras le echan la culpa a un Estado que siempre llegó tarde a los conflictos”.

Tía maría

Desde las 9:00 de la mañana, se generó un enfrentamiento entre efectivos y alrededor de 50 manifestantes. (GEC/ Lino Mamani)

La gran minaría en jaque. (GEC/ Lino Mamani)

Sandro Venturo
Sandro Venturo

El actual impasse de Tía María es redundante. Southern se juega la trica. Las Bambas funciona con estado de emergencia. Y en el corredor minero del sur la tensión se incrementa.

Más abajo, Quellaveco está amenazado. En el norte, los proyectos están estancados hace tiempo, mientras Cajamarca –que tiene potencial minero de escala global– ya está en recesión. Etcétera.

Súmese que en el país no hay inversión en exploraciones. Y los mineros peruanos no quieren jugar en las grandes ligas, solo en las medianas. En minería solo funcionan bien un par de excepciones, pero nadie parece interesado en conocer sus fórmulas.

Así, el sector que estimuló durante más de dos décadas el crecimiento del país está pasmado. No se aprovechó la renta generada para transformar los territorios altoandinos ni para diversificar nuestra economía nacional. Se veía venir. Esta crisis sectorial no es la primera, aunque es la más grave desde que se instaló la gran minería.

Lo que está en cuestión es el pacto social acerca de cómo se deben aprovechar (y distribuir) sus beneficios, en el corto y el largo plazo. Y debido a este vacío se desperdician muchas oportunidades, al mismo tiempo que arremeten oportunistas y mafiosos de distinto calibre. Así, casi todos perdemos.

El Estado central no asume con consistencia su doble papel: rector y promotor. El gobierno regional azuza el conflicto. Las comunidades empantanan a sus gallinas de oro y terminan favoreciendo, en el mejor de los casos, a sus taitas. La prensa desinformada rebota desinformaciones.

Algunos grupos políticos aprovechan las controversias, pero no representan sino ideas anacrónicas, populistas y hasta preindustriales. Y las empresas mineras destacan por su incapacidad para gestionar adecuada y oportunamente el frente social, mientras le echan la culpa a un Estado que siempre llegó tarde a los conflictos. ¿Cómo aprovechar, entonces, los beneficios de la minería si a nivel local y nacional todos juegan a los carros chocones?

El Gobierno saliente ha invitado a debatir una nueva ley de minería. Ya hay privados quejándose en vez de aprovechar la ocasión para mejorar lo que está trabado. Este es el momento para hacer un balance exigente y ambicioso. Toca salir del entrampamiento social –no solo es politiquero– transitando hacia un enfoque minero virtuoso, en una nación que no ha sabido aprovechar del todo este generoso recurso colectivo.

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