Voto depositado en la urna electoral en el Instituto de Educación Continua (UPF) del barrio de L,Eixample de Barcelona, el pasado domingo, durante las elecciones regionales en Cataluña. (EFE/Andreu Dalmau).
Voto depositado en la urna electoral en el Instituto de Educación Continua (UPF) del barrio de L,Eixample de Barcelona, el pasado domingo, durante las elecciones regionales en Cataluña. (EFE/Andreu Dalmau).

Las últimas elecciones catalanas han mostrado lo que muchos intuían: El independentismo en Cataluña ha muerto. O tal parece.

El resultado de las elecciones del pasado domingo lo rubrica: El partido en el gobierno, Esquerra Republicana (ER), ha pasado a la oposición.

El partido socialista (PSC) con su líder al frente, un hombre taciturno, frío y sin estridencias, ha ganado por amplia mayoría.

El histriónico Puigdemont quedó segundo. Muy lejos del partido socialista, pero muy cerca (eso cree) de llegar al gobierno si cumple sus amenazas: Quiere ser presidente con los votos del PSC. Eso, o el fin de Sánchez a quien aupó al poder.

Otro ganador claro fue el partido popular (PP). Multiplicó por 5 sus diputados. Aunque el discurso que asumió en los últimos días, convirtiendo a los emigrantes en moneda de cambio para sus votos, no me agradó.

Sánchez no ha dudado en autoerigirse en responsable del triunfo del PSC. Se supone que su ley de amnistía, sus indultos a los sublevados y su acercamiento al independentismo, al que necesita para gobernar, son la clave de este cambio.

Pero más que sus políticas, lo que ha llevado al fracaso a los independentistas en el gobierno ha sido su pésima gestión: los trenes catalanes no funcionan. El servicio público de salud es defectuoso. La población está sufriendo una dura sequía. Y, para colmo, el sistema carcelario, competencia del gobierno regional, entró en verdadera crisis a propósito del asesinato por un preso de una cocinera en el interior de una prisión.

El error en identificar lo que es importante es lo que ha llevado a ER a una derrota ignominiosa. Y contra esto, se ha alzado el electorado catalán. Como haría cualquier electorado consciente.



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