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Fritz Du Bois,La opinión del director"Repudio la repartija, pero respeto mi acuerdo con la sabandija, dijo la lagartija desde su rendija". Fue sin duda brillante el comentario de Heduardo en este diario el jueves pasado. En realidad, muy pocos políticos salen bien parados de uno de los peores episodios parlamentarios de los últimos años. ¿Cómo se llegó a entregarle poder de veto en el Tribunal Constitucional a un gobierno con toda la intención de violar la Constitución que nos protege del 'chavismo'? ¿Era tan importante tener un vocal amigo para algunos estudios de abogados como para poner en riesgo lo que el Perú ha avanzado?

A su vez, ¿en qué estaban pensando los creadores de la Constitución para haberla expuesto de esa manera sólo para recompensar a un exparlamentario? Mientras que es inexplicable que todos los partidos le hayan entregado una entidad pública con mil funcionarios, un presupuesto de 44 millones y gran credibilidad con el ciudadano a una activista partidaria quien, para colmo, muestra un historial como funcionaria que es muy cuestionado.

Más aún, el desprestigio de Toledo amenaza con extenderse a todas las tiendas políticas si es que no hacen algo. Sin duda, pocas veces se ha visto con la repartija una actitud visiblemente más irresponsable por parte de nuestros políticos, lo cual, tomando en cuenta su historia, ya es decir harto. ¿Cómo podrían recuperar credibilidad ante el electorado?

Para empezar, Humala tiene que sacudirse de los fantasmas que lo están acosando. Si consideramos que el inicio de su caída de popularidad fue su cercanía al régimen venezolano, parece poco inteligente dejar pasar la oportunidad de reunirse con Capriles. Además, en lugar de creerse maquiavélico y andar complotando, debería preocuparse en recuperar el entusiasmo del empresariado, cuya desilusión amenaza con frenarnos, lo que nos podría costar a todos bien caro.

Mientras que no hay manera de negar que Keiko y Lourdes se han equivocado. Más aún, las continuas menciones en los dos campos a que los acuerdos políticos serían sacrosantos no hacen sino confirmar que se tiraron a la piscina y ahora no saben cómo explicarlo. Por otro lado, Alan García sale bien parado debido a que el Apra no estuvo involucrado al igual que la congresista Tait, quien fue la única que demostró decencia al negarse a participar en esta componenda. Ojalá otros congresistas también estén dispuestos a sacudirse públicamente del pecado en el que cayeron siguiendo a sus dirigentes sin pensarlo.

Al menos el incidente confirma los beneficios del voto preferencial, ya que el electorado no será secuestrado por esos mismos dirigentes partidarios y forzado a votar por ellos como cabezas de lista, como han tratado de imponernos por varios años.

Al final de cuentas, las revocatorias y el poder decidir libremente por qué parlamentario votar nos permite a los ciudadanos mantener a raya a políticos que demuestran a diario que les queda grande el cargo.