(Foto: Getty)
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En la entrega anterior, mencionamos que el dinero físico, al no dejar rastro de las transacciones, viabiliza la informalidad; la evasión tributaria; y delitos, como la trata de personas, el narcotráfico, la falsificación de dinero, coimas, lavado de dinero y la inmigración ilegal.

También dijimos que el papel moneda, al no ser un bien consumible, sirve porque facilita transacciones, pero si hubiera otro medio, no sería necesario. La propuesta es reemplazarlo por dinero digital. Para su viabilidad, despejaremos dos interrogantes.

¿Cómo transferir la capacidad para transar a un nuevo medio? La historia responde. En 1944, en Bretton Woods, se definió el patrón oro, permitiendo la convertibilidad del dólar en oro. Luego de la guerra de Vietnam, se migró al sistema de tipos de cambio en el que el valor de las monedas es decretado por los bancos centrales de cada país sin un respaldo en oro. Esto es el dinero fiat y su valor depende de la confianza del público. La desasociación del dinero de un respaldo físico y la confianza en los sistemas de cómputo permitió que en el siglo XX se reemplazara el papel moneda por dinero electrónico y en el siglo XXI se masificara con dispositivos digitales.

¿Qué hace que una moneda sea aceptada? El primer factor es la validez legal, amparada por los gobiernos. El segundo es la demanda de los agentes como medio transaccional o de ahorro. Justamente, la generalidad de las criptomonedas no cumple estas condiciones. Se convierten en instrumentos especulativos que podrían terminar en una burbuja.

En conclusión, la condición mínima que una moneda física o digital debe cumplir para ser aceptada es la confianza en su valor que genera el respaldo del agente emisor y su universalidad como medio de pago.