Se ha desacelerado el crecimiento de la actividad económica de Estados Unidos, señaló la FED. (Fuente: Reuters)
Se ha desacelerado el crecimiento de la actividad económica de Estados Unidos, señaló la FED. (Fuente: Reuters)

La pregunta es: ¿sube la probabilidad de que una economía entre en recesión a medida que avanza la expansión? Después de todo, así ocurre con las personas: hasta los 65 años, la probabilidad de muerte durante el próximo año es baja y cambia poco de un año al siguiente; en cambio, a partir de ese punto sube empinada; si a los 50 años es apenas 0.5%, a los 90 se planta en 17% y, si uno consigue llegar a la edad de 107 años, la probabilidad de fallecimiento pasa a ser mayor que la de supervivencia. Ojo que aquí no me estoy refiriendo a la probabilidad de sobrevivir doce meses más una vez que uno ha llegado a una determinada edad. El mismo análisis se aplica a otros seres vivientes y hasta máquinas; por ejemplo, la probabilidad de falla mecánica total de un coche usado sube notablemente con su edad.

Un trabajo de investigación de la Fed –banco central de EE.UU.– concluye que este mismo fenómeno se presentaba en los ciclos alcistas antes de la Segunda Guerra Mundial; pero que desde entonces ya no se cumple. Antes, los ciclos morían de viejos, ahora no, la Fed dixit (). Para racionalizarlo, plantea tres argumentos: (1) creciente peso de los servicios en el PBI atenúa el efecto de las fluctuaciones de inventarios que antes daban tracción al cambio de ciclo; (2) la cada vez mayor participación del gasto público: más Estado, menos mercado; y (3) el uso pro-activo de políticas contra-cíclicas frente al laissez de antaño.

Según el estudio, la probabilidad de caer en recesión de un mes al siguiente es de alrededor de 2%, casi constante a lo largo del ciclo expansivo, como mucho tan solo ligeramente menor a 2% en los meses iniciales y ligeramente mayor en los finales. Este resultado contrasta con la tesis que he venido manteniendo en esta columna de que a lo largo del ciclo se presentan desequilibrios y excesos que en general tienen carácter acumulativo, sobre todo en expansiones como la actual en que las autoridades económicas han abusado de la emisión de dinero, el gasto público y el endeudamiento.

En mi columna anterior hice referencia a la interacción entre el ciclo del crédito y el de los negocios –que tan magistralmente describió el economista Hyman Minsky (1919-96)– en el transcurso del cual inversionistas y los bancos van transitando desde posiciones inicialmente cautelosas en sus inversiones a actitudes cada vez más temerarias consistentes en prestar a empresas y particulares que no pueden hacer frente a la amortización e incluso ni al interés, cuyo modelo de negocios se fundamenta en la apreciación sostenida de los activos, es decir en la especulación. La abundancia de dinero engrasa la rueda en lo que dura la fiesta, pero la historia nos enseña que los excesos de emisión, endeudamiento, y sobrevaluación acaban o en crisis financiera o en inflación galopante.

Creo que la opinión de la Fed es interesada. Nos dicen que los ciclos no mueren de viejos, cuando en realidad es la propia Fed la que le está prolongando artificialmente la vida a costa de una eventual crisis mucho peor. Un mes en la vida de un ciclo expansivo equivale a un año en la vida de una persona. En abril este ciclo cumple 118.

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