Pedro Castillo, en mucho se parece a los dictadores de Venezuela y Cuba para entronizarse en el poder indefinidamente, advierte el columnista. Foto/Difusión.
Pedro Castillo, en mucho se parece a los dictadores de Venezuela y Cuba para entronizarse en el poder indefinidamente, advierte el columnista. Foto/Difusión.

Si hacemos una revisión de las páginas de la historia de la forma como los proyectos socialistas en Sudamérica tomaron el poder, encontraremos un comportamiento (casi una cultura) transversal en todos: la mentira como doctrina “revolucionaria”. El impulso irrefrenable de embaucar a una sociedad ansiosa de cambios políticos, económicos y sociales les ha permitido arremeter de manera conjunta contra una Sudamérica indefensa y casi abandonada por las derechas y clases políticas que no pudieron ver (o no quisieron) la avalancha roja en desarrollo.

Seguramente muchos recuerdan a Fidel Castro diciendo: “Sé que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”. La Habana, enero 13 de 1959, o “no soy comunista, ni los comunistas tienen fuerza para ser factor determinante en mi país… esta revolución no es comunista sino humanista”. Discurso en la Sociedad Norteamericana de Editores de Periódicos de Washington, abril 17 de 1959, entre otras. Hoy el pueblo cubano se arrepiente de haberle creído.

Por otro lado, el fallecido Hugo Chávez, quien ante la pregunta del periodista Jorge Ramos Ávalos en diciembre de 1988 de si estaría dispuesto a entregar el poder después de cinco años, si nacionalizaría empresas o cerrara medios de comunicación, las respuestas fueron “claro que estoy dispuesto a entregar el poder, incluso antes” (cambió la Constitución para quedarse eternamente); “que los capitales privados vengan a invertir, yo no soy el diablo” (nacionalizó la mayor corporación de telecomunicaciones, entre otras) y finalmente “los medios deben seguir siendo privados, que se amplíen y profundicen” (Chávez no le renovó licencia a Radio Caracas), respectivamente. “Si Chávez hubiera dicho todo eso en la primera elección, no habría ganado”, anota el periodista.

En el Perú, Pedro Castillo y su rosario de mentiras sobre no plantear una “nueva Constitución”, apostar por inversión privada (mientras sabotean a empresas mineras), así como ataques contra la prensa independiente mientras dice que hay “libertad de expresión” u otros similares, en mucho se parece a los dictadores de Venezuela y Cuba para entronizarse en el poder indefinidamente.

Por eso no sorprende que el ganador de las elecciones en Colombia, Gustavo Petro (exguerrillero o terrorista del M-19), diga hoy a voz en cuello que él quiere que haya “capitalismo” o, como lo advirtiera su propia vicepresidente Francia Márquez, quien confesó que una vez lleguen al poder trabajarán para establecer un proyecto “a largo plazo” (al propio estilo de Guillermo Bermejo en Perú). (José Gregorio Martínez de Panam Post del 22 abril 2022) Petro “desmintió” a Francia Márquez, dejando el tufillo de Hugo Chávez en el ambiente político. Estamos notificados.