[OPINIÓN] Ana Jara: “En el Perú de hoy ¡cualquier cosa puede pasar!”. (Foto por Luka GONZALES / AFP)
[OPINIÓN] Ana Jara: “En el Perú de hoy ¡cualquier cosa puede pasar!”. (Foto por Luka GONZALES / AFP)

Hay una sensación de caos y desgobierno en las entidades públicas de rango constitucional. De un lado tenemos una desatada crisis en el Ministerio Público, cuyo desenlace aún no se ha escrito; del otro, al Congreso de la República que se alista a guillotinar a los miembros de la Junta Nacional de Justicia. A todo esto se sumó el desencuentro de un juez de Ica y el Tribunal Constitucional por negarse el primero de los nombrados a liberar al expresidente Alberto Fujimori, sentenciado en 2009 por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, asumiendo cuatro miembros del TC “por sus pistolas” (en alusión a una película mexicana) su excarcelación, habiendo finalmente abdicado el Poder Ejecutivo de hacer un control de convencionalidad entre los fallos internos (Perú) y las disposiciones de la Convención Americana de Derechos Humanos, en opinión del exprocurador anticorrupción Ronald Gamarra. Otros juristas, en contraposición, apelan a la autonomía y soberanía de nuestros tribunales erga omnes (contra todos). Así las cosas, se anuncian marchas de protestas que se inician hoy 7 de diciembre; en tanto la economía ¡ay, siguió muriendo!

¿Qué, pues, diremos a esto? Que en vista de que nuestras autoridades viven en un universo paralelo donde pareciera creen tener poderes omnímodos y sempiternos, toca entonces a los propios ciudadanos de a pie y en forma organizada declararnos en alerta permanente en defensa de la institucionalidad y la democracia; los peruanos hemos tenido peores momentos en décadas pasadas y hemos logrado, con la suma de voluntades, salir airosos de épocas tanto o más turbulentas que las actuales.

¡Aguzados! Que no se nos escapen las tortugas, porque en el Perú de hoy cualquier cosa puede pasar, desde la liberación del golpista Pedro Castillo hasta la del propio Vladimiro Montesinos, por citar algunos ejemplos, porque en este país poco o nada queda del debido proceso, la doble instancia, la cosa decidida y de la institución de cosa juzgada, todas garantías procesales llamadas a primar en un Estado de derecho. En opinión mayoritaria de la población, la independencia de los poderes públicos y la administración de justicia han pasado a ser “un holograma”.

Es un secreto a voces que aquel que no tiene padrino o el suficiente dinero para torcer voluntades se ha de comer la pena o sanción completa por la comisión de sus delitos, mientras que para los privilegiados o envarados opera la justicia “VIP” que los habrá de tratar venialmente y abrir sus puertas para darles libertad. Duele decirlo, pero hay quienes “nacen de pie”, como reza un adagio popular, en alusión a las personas de mucha suerte, sobre todo los que vienen de las canteras de la política.

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