De la amistad y la admiración: G. Gutiérrez y F. De Cárdenas

Gustavo Gutiérrez

Gustavo Gutiérrez. (USI)

Gustavo Gutiérrez. (USI)

Santiago Pedraglio
Santiago Pedraglio

Gustavo Gutiérrez acaba de cumplir 90 años y el papa Francisco le envió un saludo en el que le agradece porque “has contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad”.

La afirmación de Francisco apunta a un aspecto crucial del trabajo que Gutiérrez ha logrado en su vida: ser uno de los reformadores de la Iglesia del siglo XX. Al decir ‘reformador’ no se habla aquí de jerarquía, sino del esfuerzo por vincular a la Iglesia, de manera preferente, con “los pobres y los descartados”. Mirar la realidad a través de este prisma –heredero de una primigenia tradición del cristianismo– implicó un impulso vital para la labor pastoral en América Latina, África y el mundo cristiano en general, incluida Europa, cuando era indispensable una Iglesia más empática con la mayoría de sus feligreses.

Al lograr que esta nueva mirada fuese acogida por amplios sectores de la Iglesia, Gutiérrez se convirtió en uno de los pensadores contemporáneos más influyentes en el aspecto práctico de la fe católica. Transformó el sentido común de millones de cristianos al convertir su fe no solo en un asunto de oración y cumplimiento ritual, sino de compromiso práctico con el “otro”; en particular, con el pobre.

En la semana de celebrar a Gustavo Gutiérrez, toca despedir –así es la vida– al promotor cultural Federico de Cárdenas, fallecido el 5 de junio –y también, en su momento, alumno de Gutiérrez–. Apasionado por el cine, Federico fundó en 1965, con Chacho León, el recordado Juan Bullita y Carlos Rodríguez Larraín, la histórica y contestataria revista Hablemos de Cine. Desde entonces, además de ejercer su importante labor de editor periodístico, su compromiso vital lo llevó a una constante labor de pedagogía: enseñó a ver cine, sobre todo en sus notas del diario La República.

Desde la amistad y la admiración, sean estas palabras un abrazo para celebrar a Gustavo y para guardar con gran afecto el recuerdo de FEDERICO.

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