En 2005, la comuna terminó beneficiando a Comunicore. (USI)
En 2005, la comuna terminó beneficiando a Comunicore. (USI)

La alcaldía de Lima es uno de los cargos más importantes del país. Esto es seductor para políticos ambiciosos para quienes el puesto ejerce una atracción magnética, ya sea para fines privados o públicos. Si uno revisa la lista de precandidatos a Lima en las próximas elecciones, pareciera que esta atracción está sobredimensionada. Hasta el momento tenemos alrededor de 20 personas que han manifestado sus intenciones o ya han formalizado su intención de postular.

Una versión economicista indicaría que esta multitud de aspirantes es conveniente para el votante. Dentro de esta diversidad, el votante evaluaría las opciones y elegiría la opción que maximizaría su utilidad, ya sea que escoja por consideraciones afectivas o evaluativas. Una analogía simplista es ver las elecciones como un mercado electoral. Los candidatos serían productos, de tal manera que tenemos una versión para cada consumidor. Tendríamos el candidato verde, el obrista, la popular, el que tiene experiencia, el populista, el optimista, el del partido fuerte, el del débil, y así casi ad infinitum.

Desde una visión más cerca de la psicología, Barry Schwartz ha acuñado la idea de la paradoja de la elección. La idea en simple es que más es menos cuando una persona tiene que elegir. Ante una diversidad de opciones, las personas suelen confundirse y quedar menos satisfechas con su selección.
Trasladándola al campo político, uno puede imaginarse a los votantes limeños confundidos frente a 20 opciones. Sin capacidad para evaluar al que maximice su utilidad, se escogería por otras consideraciones.

Una vez marcada la boleta, este ciudadano dudará si pudo votar a otro candidato mejor. Esta duda puede devenir en insatisfacción con su elección, lo que puede llevar a insatisfacción con el proceso y finalmente con el sistema. Tener muchos candidatos no es necesariamente mejor para el elector limeño.