El Estado no tiene la capacidad física y material de administrar y mantener esta infraestructura, señala el columnista. (Foto: Midagri)
El Estado no tiene la capacidad física y material de administrar y mantener esta infraestructura, señala el columnista. (Foto: Midagri)

El Estado peruano administra una enorme cartera de activos hidráulicos. Incluyen reservorios, plantas de tratamiento, canales y una amplísima red de distribución de agua en ciudades y valles.

El Estado no tiene la capacidad física y material de administrar y mantener esta infraestructura. Lo hace directamente a través de empresas como Sedapal en Lima o instituciones como Autodema en Arequipa; o indirectamente, regulando a organizaciones privadas como las Juntas de Regantes que son o deben ser debidamente organizadas y fiscalizadas por autoridades. Entre estas últimas destaca la Autoridad Nacional del Agua.

El manejo de los recursos hídricos es –como vemos en la crisis de Cuajone– una fuente de conflictos y debe ser puesto siempre en manos de los que conocen el manejo técnico y quienes, además, conocen la legislación ad-hoc.

Es preocupante ver la voracidad de la nueva administración pública cesando a personal técnico y sustituyendo años de experiencia por nuevos funcionarios que recién – en el mejor de los casos – empieza a conocer sus funciones.

Hay mucha ingeniería en el manejo de los activos hidráulicos. Hay muchos conflictos por el agua. Si el gobierno no entiende esto, los conflictos sociales que socavan su legitimidad crecerán.