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Redacción PERÚ21

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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

El caso de José Martínez López resume, de manera cruda, lo que implica vivir en nuestra precariedad institucional. Se trata de un obrero apresado por un caso de homonimia –una palabra pomposa para esconder un garrafal error– y tirado a las fauces de una cárcel el fin de semana por la indolencia de nuestro sistema legal. Como la orden de libertad, luego de probado el error, fue entregada fuera de hora, pues nada: a pasarse el finde en San Jorge y el lunes ya saldrá, qué mala suerte.

Si la vida fuera justa, todos los involucrados en este "error" deberían pasarse un fin de semana en el penal, a ver si la próxima vez son así de descuidados e inhumanos.

Por supuesto, todos los responsables se tiran ahora la pelota; no podía ser de otra forma. Vivimos en Perú, qué quieren. Disfruten de un buen cebiche, aprovechen nuestra mágica geografía e historia y no se quejen. ¿Justicia? Es una ficción posmoderna, inmerecida para quienes han pasado sus casi 200 años de vida republicana entre botas, populistas y utopías.

Resultado: en simple, el Estado no funciona; sus organismos han colapsado frente a la falta de soportes tecnológicos y humanos, una marea burocrática sin incentivos y una corrupción encadenada a los privilegios que el poder del cargo presentan. ¿Necesitas este permiso? Pasa por caja; ¿quieres que apure el proceso? Ayúdame para ayudarte; ¿orden de libertad? Qué pena, cerramos hace 15 minutos, vuelvan el lunes.

Solo podemos imaginar el desamparo y desconcierto por los que pasó José Martínez en esas 48 horas. Y la impotencia con que su familia debe haber vivido esos dos días.

Nuestros políticos, ya lo sabemos, están en otra; las autoridades tienen sus propios problemas; y la burocracia no puede cambiar la realidad, así que convive con ella.

Todos somos, de una u otra forma, culpables de esta realidad. Todos, pensándolo bien, debimos acompañar ese finde a José, a ver si al menos comenzamos a tomarnos las elecciones en serio.