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Carlos Basombrío,Opina.21No la anunció Jara, ni Solórzano, ni Humala. No, la concesión con la que buscan evitar la censura fue lanzada por Twitter por la primera dama. ¡Qué obsesión de que todos sepan que ella es la que decide!

Al momento de escribir estas líneas no queda claro si su anuncio fue suficiente para cambiar votos y conseguir la confianza. Pero, sea cual fuera el resultado, el gobierno enfrentará hasta el fin de su gestión a un Congreso opositor. Algo que no ocurría desde antes del autogolpe de Fujimori en 1992.

Esto no era así en los primeros años del gobierno. No solo tenían una mayoría holgada con sus aliados de Perú Posible y Solidaridad Nacional, sino que les era fácil obtener los votos del PPC y Acción Popular-Frente Amplio. Jugaba a su favor además el que, por buenas razones, nadie quería votar igual que los fujimoristas.

Pero ahora, parafraseando el milagro de fray Martín, las sucesivas equivocaciones de Nadine Heredia (y Ollanta Humala) han conseguido juntar tras el mismo objetivo a perro, pericote y gato.

Con una alta dosis de soberbia, combinada con una impericia política a prueba del paso del tiempo, Nadine ha ido creando las condiciones para que gentes tremendamente disímiles se junten en el Congreso, ya por tercera vez, para cuestionar su protagonismo excesivo e indebido. (El voto de confianza a Cornejo conseguido recién en segunda instancia, la elección de Solórzano en segunda votación y el aún incierto destino de Jara). Ha logrado juntar a izquierdistas radicales con fujimoristas ortodoxos. Liberales con conservadores. Gente correcta con pillos consumados.

El daño está hecho y en lo que queda del gobierno un Congreso desprestigiado podrá darle muchos dolores de cabeza a un Ejecutivo débil. Malo para la reactivación económica que requiere un gobierno que gobierne.

Malo para hacer reformas políticas que atenúen la penetración criminal en el Estado.