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Escritora

Trato de criar a mis hijos para que crezcan como personas liberadas de los prejuicios de género con los que creció mi generación. No le compro muñecas a ella y rifles a él, dejo que ellos escojan sus juguetes. A ella nunca le gustaron las Barbies; prefiere jugar con peluches, pero también con robots y carritos. No le digo que los hombres deben tratarla como una princesa, abrirle la puerta del carro o pagarle la cuenta, porque ya sé que en el trato diferenciado se abren los resquicios que permiten luego la subvaloración y el maltrato. Trato de transmitirle con el ejemplo que las mujeres no necesitamos preocuparnos tanto por la belleza física: el exceso del maquillaje, los tacos imposibles, la excesiva preocupación por la ropa son cosas que no van a ver en casa. Me imagino que no será necesario explicarle a mi hijo que no debe ni siquiera piropear a una mujer en la calle, porque nunca verá a su papá hacerlo. Crecerán viendo a una madre y a un padre que se reparten el cuidado de sus hijos, cuyos trabajos están en igual jerarquía, que luchan por abolir sus prejuicios.

Las mujeres hemos realizado muchas conquistas, pero la alarma de la violencia contra la mujer suena todo el tiempo y nos recuerda que aún estamos lejos de lograr la igualdad.

Hace unos días, seis congresistas nos han agredido a las mujeres peruanas votando en contra de la despenalización del aborto en casos de violación. Prohibir el aborto, sobre todo cuando la mujer ha sido violada, es un símbolo claro de la poca valoración que tenemos sobre la capacidad y el derecho de las mujeres para tomar decisiones. Esos congresistas representan la mentalidad de miles de peruanos dominados por un pensamiento conservador que les impide ingresar a un debate libre de prejuicios y dogmas.

Repiten una y otra vez que defienden la vida del concebido, pero no quieren ver que la penalización del aborto no solo no salva esas vidas, sino que produce más muerte, obligando a esas mujeres a abortar de manera clandestina y peligrosa. Despenalizar el aborto no significa promoverlo, significa respetar la decisión de una mujer y darle ayuda psicológica para evitar que se dañe física y mentalmente. Pero ellos seguirán repitiendo los mismos argumentos "pro vida", sin parar. Hasta que nuestros hijos, hombres y mujeres más evolucionados que nosotros, crezcan y elijan mejor a nuestros representantes. Entonces nosotras podremos decidir sobre nuestros cuerpos. Sabemos que ocurrirá, pero para eso debemos luchar diariamente por cambiar las mentalidades. Tarde o temprano, las mujeres decidiremos.