(Foto: Francisco Neyra/ @photo.gec)
(Foto: Francisco Neyra/ @photo.gec)

Es cierto que la noticia que algunos denominaron ‘Los funcionarios y el festín de vacunas’ generó cierta decepción, pero, la verdad, ya hemos visto hasta hoy tanto acerca de conductas y decisiones inapropiadas de nuestros señores de la patria: personajes a quienes se les ha encargado misiones dignas de admiración; sin embargo, al ingresar a aquellos tronos laborales deben sentir cierta atmósfera que los embriaga hasta el punto de hacer cosas no muy a favor de la población, muchas veces. No sería justo meter a todos en el mismo saco, pero da la casualidad de que los que tienen el timón de los barcos adolecen de esa debilidad.

Bajo ese contexto político estamos y ese aspecto ensombrece a nuestra economía. Fíjense, si no contrataron las vacunas a tiempo, los contagios continúan, hay más medidas de cuarentena, menos negocios funcionando, más despidos, menos ingresos en las familias, más necesidad de efectivo, menos dinero en los fondos de pensiones —ante la accesibilidad a ellos meses atrás— menos fuentes para rescatar cash, menos gente vacunada, más tiempo, más meses para llegar a la inmunidad del rebaño y así podríamos seguir enumerando consecuencia tras consecuencia que impactarían en el bolsillo de cada peruano.

Para tener una idea de lo que significa la pandemia y el no tener inmunidad, en términos de desempleo, a mitad del año pasado: siete de cada diez jóvenes menores de 25 años perdieron sus empleos y seis de cada diez adultos mayores de 25 quedaron en desempleo.

En ese periodo habíamos alcanzado el porcentaje de desempleo más alto que habíamos tenido en casi tres décadas. El porcentaje más alto dentro de la población con un empleo adecuado (58%) lo tuvieron y tienen los adultos de entre 25 y 44 años.

Cuando el COVID 19 apareció, se veía demasiado lejos para cruzar mares y llegar al hogar de muchos afectados. Hoy la realidad ha cambiado de cierta forma y solo queda adaptarse y subir a la ola de la reinvención. Salir y no ir hacia la ola del lamento. No solo se trata de tocar puertas, sino de mirarte, y preguntarte si realmente estás capacitado para eso que buscas, no solo en conocimientos; me refiero a otros aspectos que harán que tu servicio tenga más valor. ¡Ojo!, valioso eres, pero me refiero al servicio que ofreces.

Como mencioné en uno de los entrenamientos de “PRÓSPEROS”: “Más que mirar y señalar, constantemente, a otros por sus grandes errores, gira ese dedo índice hacia ti y pregúntate: ¿estoy haciendo cada cosa con la integridad que merece mi vida y que exijo a otros?”.


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