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Según la última encuesta de Datum, publicada ayer en Perú21, la popularidad del presidente Kuczynski cayó en el último mes 7 puntos, del 45% de Junio al 38% actual. Esta caída sitúa al mandatario a 3 puntos de su mínimo histórico en marzo. Como recordamos, la caída del 65% en setiembre al 35% de marzo estaba atada a desaciertos del ejecutivo más que a razones atribuibles a la oposición. Los desastres naturales de marzo y abril aunaron a los peruanos detrás del gobierno, llevando la popularidad del mandatario al 45%, en el que se mantuvo en un margen mínimo hasta junio.

Este vaivén en la popularidad presidencial entre marzo y julio está corroborado en distintos estudios de opinión, por cierto. Mal haría el gobierno, o algunos conspiradores, en minimizarlo. En abril, cuando la popularidad subió 10 puntos, la mayoría de analistas identificaron el desastre, no una mejora en la gestión del Ejecutivo, como la principal causa del aumento. Y el consenso sobre la situación fue el mismo: si el gobierno no aprovechaba dicha popularidad para recuperarse, tomar la iniciativa, tratar de tomar las riendas del gobierno, pues la popularidad regresaría a la tendencia previa, a la caída sostenida observada entre setiembre del 2016 y marzo del presente año.

Pues bien, no solo no aprovecharon el espacio para lanzar una audaz propuesta que enganche a la ciudadanía con sus planes, sino que –peor aún– se entramparon en el caso Chinchero, perdiendo dos ministros en el camino y brindando una visión empresarial del gobierno, algo inaudito a sabiendas de lo que se acusa al gobierno (léase, de lobistas). Sí, la oposición aportó su cuota de juego duro, pero el resultado es el que vemos: un descenso importante de la popularidad, y una pésima "nota" sobre la gestión (10,8 sobre 20). Echarle la culpa a terceros, por supuesto, no mejorará la percepción.

¿Qué hacer? Bueno, para empezar aprovechar el descanso del Legislativo para desarrollar una estrategia política, que incluya cambios en el gabinete y propuestas audaces para la ciudadanía.