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El gobierno anterior ha dejado una larga lista de proyectos, obras y gasto público inútil, y encima con olor a corrupción. Esto es innegable: megaproyectos de bajo rendimiento social y sobrevaluados (Talara en casi 5 veces, Gasoducto del Sur en casi 7 veces, la compra de los pasaportes, helicópteros y demás gastos militares, por ejemplo), contratos por servicios entregados a dedo a amigos cercanos (relaciones públicas y prensa, seguros para entidades públicas, construcción de hospitales y demás), un tétrico círculo de confianza militar-policial (Daniel Urresti, Wilfredo Pedraza, Adrián Villafuerte, Iván Vega y muchos otros), operadores cercanos en sectores económicos (como Martín Belaunde, Eleodoro Mayorga y Gustavo Salazar, por ejemplo) y, por supuesto, los amiguísimos en puestos claves del Estado (la partera Cristina Velita, Rocío Calderón y otras que están por hacerse famosas). En fin, que la lista es larga.

Si un gobierno distinto hacía la décima parte de los entuertos vistos en el quinquenio humalista, hoy estarían muchos lavando banderas, pidiendo cadena perpetua y cosas por el estilo. Y sería buenísimo que lo hagan: darían así una muestra de hartazgo, de limpieza moral, de estándares éticos para los funcionarios públicos y sus familiares. Nada de ello, lamentablemente, observamos en este año que transcurre; peor aún, a sabiendas de que muchas de esas denuncias son hoy realidades.

¿Por qué callan muchos (y otros desinforman, tergiversan, niegan aún)? En simple, porque creen que señalar al humalismo es darles la razón a los opositores políticos de estos. Psicología infantil 101. Por supuesto, no tiene sentido: uno podría haber apoyado a Ollanta Humala a llegar a Palacio solo por evitar la victoria de Keiko Fujimori en segunda vuelta y pronunciarse igual contra los excesos y corruptelas de la gestión humalista. Pero no. Creen que levantar la voz contra los Humala-Heredia es ceder un milímetro contra sus enemigos políticos. Más cómodo y seguro es seguir a la manada.

Casualmente, los mismos que siguen defendiendo a la ex pareja presidencial son los que hoy aplauden el despido de las procuradoras Príncipe y Ampuero. Digo, si el abogado de la empresa Odebrecht y sus principales socios mediáticos (medios y analistas) están contentos con el despido, algo malo debe estar pasando, ¿verdad? Dicho sea de paso, ¿cuáles son las razones para aplaudir? Las mismas: creen que ceder un milímetro en el apoyo al gobierno es darles ventajas a sus opositores políticos. Son capaces de poner encima los negociados de Odebrecht sobre la institucionalidad del país. En fin, nada nuevo supongo para los tiempos que vivimos.

La sensación, al menos para algunos, es que no existe un genuino interés por luchar contra la corrupción, sino que muchos se escudan en dicho concepto para cumplir sus objetivos políticos, o lo que ellos consideran mejora su competitividad en la arena política.

Si de estrategias se trata, hasta para el más lerdo hubiese sido positivo que el actual gobierno se pare firme y luche, de manera frontal, contra la corrupción del quinquenio pasado. Hubiesen agarrado una bandera sin dueño, marcarían así su independencia (ante las denuncias de un contubernio en segunda vuelta), y así. La sensación es que tienen otras cosas en la cabeza. Como prioridad, me refiero.

Por ejemplo, ¿por qué no hacer auditorías a todos los proyectos, obras y servicios con un valor que justifique el encargo o en aquellos proyectos que huelen a podrido? Digo, hay varios que caen por peso propio en esa lista. Y de miles de millones, ojo, así que un estudio independiente y objetivo no costaría nada en comparación con la compensación que recibiríamos de estar en lo correcto.

¿Qué ha hecho el gobierno por esclarecer los excesos de la ex pareja presidencial? ¿Qué sabemos de las actuaciones de la amiga Chío en el Organismo Supervisor de Contrataciones del Estado (OSCE)? ¿Qué sabemos de los encargos a la embajadora Velita en París? ¿Nadie nos aclarará en qué medios y con base en qué criterios se gastaba la plata Palacio? ¿Y los servicios de marketing y seguros? ¿Y los seguimientos y escuchas? ¿En serio, a nadie le molesta, irrita y preocupa que pasado un año, este gobierno no haya podido esclarecer al menos una de esas preocupaciones?

Si este gobierno cree que el principal interés de la mayoría de los peruanos es la economía, y que para ello es mejor barrer la basurita bajo la alfombra, silbar un poco y hacernos sentir que las cosas avanzan, pues se equivoca. Peor aún si quienes barren y silban con ellos son los mismos que barrían esforzadamente hasta hace un año.