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Cuando, a fines del 2011, el gobierno nacionalista se puso de costado en la defensa del proyecto Conga, pocos imaginaron las dramáticas consecuencias que ello tendría en nuestra economía. Y no hablo de puntos más o menos de PBI, sino de algo más fundamental aún: confianza. En nuestras autoridades, en las leyes e instituciones, en el liderazgo presidencial.

El contexto es importante recordarlo: el presidente Humala, recién electo, recibió un ataque funesto de sus antiguos socios políticos bajo distintas excusas que él, en su momento, también aprovechó de manera política. Si el gobierno nacionalista decidía apostar por el desarrollo económico, y ello incluía al sector minero, lo lógico era explicar las razones del cambio, del giro, sobre el modelo económico. No lo hizo. Creyó que podía sacar el proyecto "negociando" o por la fuerza. Ni uno ni otro; tuvieron que caer dos gabinetes para que el mensaje fuera alto y claro.

Muchos analistas y políticos asumieron la derrota en Conga con buen talante, minimizando los potenciales efectos sobre la inversión. ¿Qué son US$4,500 millones sobre los casi US$60,000 millones que están en el portafolio?, se preguntaban. Pues eran más que eso: eran la demostración, palpable, de que el gobierno no sabía lidiar con esa estrategia, la cual no tiene nada de ambientalista y sí, mucho, de política. Él lo sabe; en algún momento, también tomó provecho de ella.

Hoy es Tía María, y si mañana pueden, será X o Y. No importan los montos de inversión, los puestos de trabajo, la producción ganadera y agrícola perdida; no importan los estudios, las opiniones de expertos o las garantías. ¿Creen ustedes que están protegiendo a los campesinos? En absoluto: en Islay se pierden al día S/.500 mil y 30,000 litros de leche.

Del 4% de crecimiento que espera este gobierno para el 2015, una buena parte (0.8%) es pesca (que hoy está en veremos por El Niño) y otro tanto era el proyecto Tía María. El gobierno debe comprometerse esta vez y hacer todo lo posible por sacar adelante el proyecto. Atrapar, por fin, el boomerang con el que jugaba antes de llegar a Palacio.

Juan José Garrido director@peru21.com